Primera parte del análisis de Cristian Delpiani. Un entre el enfoque de derechos y las derivas punitivas en Argentina y Sudamérica.

Por Cristian Delpiani

1. Introducción

Concibo la adolescencia, desde una perspectiva contemporánea, como un proceso biopsicosocial, cultural e histórico, y no como una mera etapa biológica delimitada por la edad. Se trata de un momento vital atravesado por procesos de transición y consolidación identitaria, por la adquisición progresiva de autonomía y por el desarrollo de capacidades cognitivas, socioafectivas y morales cada vez más complejas. Este proceso no ocurre en el vacío: está profundamente condicionado por las condiciones materiales, territoriales, institucionales y culturales en las que se desarrolla. Por ello, sostengo que no es posible hablar de una adolescencia homogénea, sino de múltiples adolescencias, configuradas por trayectorias desiguales y contextos sociales diversos.

Desde el enfoque de derechos, la adolescencia debe comprenderse a partir del principio de capacidad progresiva, consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño. Este principio reconoce a adolescentes y jóvenes como sujetos de derechos en desarrollo, con capacidad creciente para participar en las decisiones que afectan su vida, y exige acompañamiento adulto sin tutela ni control excesivo. Tal como he desarrollado en trabajos previos, el pasaje del paradigma tutelar al paradigma de derechos no es solo una transformación normativa, sino un cambio profundamente cultural. Supone revisar prácticas institucionales, lenguajes, formas de autoridad y dispositivos de intervención que, aun hoy, continúan reproduciendo lógicas de control bajo discursos formalmente alineados con el enfoque de derechos.

En Argentina y Sudamérica, el abordaje social, político e institucional de las adolescencias se despliega en un campo de tensiones persistentes. Mientras los marcos normativos vigentes promueven la protección integral, la participación y la corresponsabilidad, emergen con fuerza discursos mediáticos y propuestas políticas que reinstalan lógicas punitivas como respuesta privilegiada frente a los conflictos protagonizados por adolescentes y jóvenes. En este documento me propongo analizar críticamente estas tensiones, poniendo el foco en el rol del Estado, las políticas educativas y la disputa entre el enfoque de derechos y el punitivismo como racionalidades en pugna.

2. Juventud como categoría social: entre la promesa y la amenaza

Parto de entender la juventud no como una categoría natural ni exclusivamente biológica, sino como una construcción social e histórica, definida por relaciones de poder, expectativas sociales y disputas simbólicas. Las formas de ser joven, las trayectorias posibles y las respuestas institucionales hacia esta etapa vital varían según el contexto histórico, político y socioeconómico.

En América Latina, esta construcción se produce en escenarios atravesados por desigualdad estructural, precarización de las condiciones de vida, fragmentación del tejido social y crisis recurrentes de las instituciones tradicionales. En este marco, la figura juvenil queda atrapada en una ambivalencia persistente. Por un lado, el mundo adulto proyecta sobre las juventudes expectativas de renovación, creatividad, adaptación e innovación. Se les exige resiliencia y capacidad de proyecto incluso allí donde las condiciones materiales para construirlo se encuentran profundamente desigualadas.

Por otro lado, en contextos de crisis económica, inseguridad y desgaste institucional, esas mismas juventudes —especialmente las provenientes de sectores populares— son resignificadas como problema social. El miedo se convierte en un organizador central del discurso público, desplazando análisis estructurales y habilitando miradas simplificadoras que sobrerrepresentan la conflictividad juvenil. He sostenido, al analizar prácticas juveniles contemporáneas, que los rituales juveniles condensan dimensiones simbólicas, políticas y afectivas de enorme densidad. Estas prácticas no pueden reducirse a desbordes ni a expresiones de indisciplina: constituyen producciones culturales a través de las cuales los jóvenes elaboran pasajes vitales, construyen pertenencia y disputan sentidos en instituciones que muchas veces les ofrecen escasos espacios de reconocimiento.

Cuando las respuestas institucionales se centran exclusivamente en el control, se invisibiliza esta potencia cultural y se refuerza una lectura que oscila entre la idealización del joven como promesa y la estigmatización del joven como amenaza.

3. ¿Qué espera la sociedad de los adolescentes y jóvenes? Tensiones del adultocentrismo

Las expectativas sociales hacia adolescentes y jóvenes se encuentran atravesadas por una fuerte matriz adultocéntrica, que define normas, valores y formas legítimas de comportamiento desde una posición de superioridad generacional. Desde esta mirada, los adolescentes son concebidos como sujetos “en falta”: inmaduros, incompletos, incapaces de comprender plenamente las consecuencias de sus actos. Paradójicamente, se les exige autocontrol, responsabilidad y adaptación a instituciones que, en muchos casos, no están preparadas para alojar sus experiencias, sus lenguajes ni sus conflictos.

Esta contradicción se expresa con especial crudeza en el tratamiento de las juventudes populares, donde la sospecha tiende a reemplazar al reconocimiento y la intervención estatal se vuelve más punitiva que protectora. El conflicto juvenil aparece entonces como una escena privilegiada de proyección del malestar social: frustraciones, miedos e incertidumbres del mundo adulto se depositan sobre cuerpos jóvenes, habilitando respuestas centradas en la sanción y el disciplinamiento.

Frente a esta lógica, propongo recuperar una pedagogía del acompañamiento que redefine la intervención adulta como una práctica ética y política. Desde esta perspectiva, acompañar no es controlar ni dirigir, sino estar presentes, escuchar y co-construir acuerdos. Esta concepción desplaza la autoridad vertical y habilita formas de corresponsabilidad que reconocen a los adolescentes como interlocutores válidos y actores de la vida institucional.

* Este domingo 15 de febrero se publicará la segunda parte del artículo

fuente: cdenoticias.com

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