
Una empresa donde toda una familia proyectó un deseo que creció hasta el reconocimiento en todo el país y gran parte de sudamérica. La investigación y la aplicación de tecnología en pulverización, un orgullo local.
La consultora fundada por el ingeniero agrónomo Diego Oliva cumple 20 años de trayectoria y se consolidó como una referencia en pulverización y en la incorporación de nuevas tecnologías en el agro. Con un origen ligado al asesoramiento independiente y al rol del fundador como capacitador oficial del Gobierno de la provincia de Buenos Aires -así como también al Estado de Uruguay y Paraguay, entre otros- hoy es una empresa familiar donde cada integrante ocupa un lugar clave y que logró trascender las fronteras locales.
La asociación de los Destacados Central de este 2025 y la familia Oliva fue inmediata: un proyecto colectivo que sobresale por la innovación y lo disruptivo, el pensar una profesión sustentable y que cuide el medio ambiente aprovechando la aplicación de tecnología. Y no sólo eso: enseñarle a otros productores la importancia de este cuidado, no sólo en ahorro de productos fertilizantes en los cultivos sino también en el cuidado del medio ambiente. Un trabajo de divulgación nada menor.

“La empresa nace por una consultoría independiente que empieza a realizar mi padre, que es ingeniero agrónomo, que además brinda el carnet habilitante para los aplicadores terrestres en lo que es provincia de Buenos Aires, para el Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Con el prestigio que da esa posición de ser asesor del Estado provincial empieza a desarrollarse como especialista en pulverización”, recordó Rosario Oliva, quien integra el equipo y es hija de Diego.
La actividad fue creciendo y la demanda llevó a que toda la familia se incorporara al proyecto. “La realidad es que mi padre realizaba una actividad tan particular y generó que empezara a contactarse con las empresas más importantes de aplicación del país, tanto aérea como terrestre, y empieza a necesitar que alguien le dé una mano y se fue dando naturalmente”.
En los primeros años la ayuda llegó desde la adolescencia de los hijos. “Siempre estábamos ayudando y ahí es donde se incorpora mi madre con las tareas administrativas principalmente. Ella también es ingeniera agrónoma y después desarrolló otras actividades propias de su carrera dentro de la consultora. Al inicio se fue dando porque había la necesidad de poder delegar algunas tareas para organizarse y administrar, y mi padre decidió confiar en nosotros, que era mejor que en cualquier otra persona ajena a la familia”.
Con el tiempo, cada uno encontró su lugar dentro de la estructura. Rosario contó que “estudié ingeniería industrial, que después pude articular con la de ingeniería agrónoma, la de mi padre, y ahí naturalmente se dio mi vinculación profesional. Después mi hermano estudió, él es técnico en seguridad e higiene, así que también pudo vincular su carrera a la empresa. Nosotros siempre estuvimos inmersos en esto como para dar una mano y después a nivel profesional se dio naturalmente”.
El carácter familiar se combina con la pasión por la tarea, aunque también con el desafío de poner límites. “Somos muy apasionados de lo que hacemos, entonces sí ha pasado que es muy difícil poner ese límite, porque termina siendo un gris de hasta acá hablamos de trabajo, hasta acá hablamos de familia. Nos pasa que los fines de semana, cuando nos reunimos todos, inevitablemente terminamos hablando de trabajo. Hemos aprendido con el tiempo a poner límites, porque resulta ser lo más sano. El domingo no hablamos de trabajo, lo vemos el lunes total, al otro día nos vamos a ver en la oficina” comentó entre risas.
Ese proceso también enriqueció los vínculos. “En cuanto a lo que es la construcción de la relación entre hermanos, hijos y padres, ha sido para nosotros desafiante y muy rico, muy proveedor, de que pongamos sobre la mesa las cosas que nos pasan, que mejoremos nuestras relaciones personales, que estemos todo el tiempo trabajando en eso. Hemos aprendido, porque nos conocemos muchísimo, cómo funciona la otra persona, entonces poder crear una buena sinergia entre nuestras personalidades, que son todas distintas, nuestros intereses. Así que creo que por cualquier lado donde lo miremos ha sido muy fructífero para nosotros y bueno para nuestra relación humana principalmente”.

La familia destaca el valor de haber alcanzado reconocimiento más allá de la Argentina. “Este reconocimiento internacional del apellido es muy gratificante y genera muchísimo orgullo porque demuestra todo el esfuerzo que hay detrás, porque esto no fue fácil, no fue de un día para otro. Requirió de muchos tropezones y caídas de mi padre, en las que nosotros éramos chicos y lo habíamos presenciado. Hoy en día también esto demanda una responsabilidad de poder hacer perpetuo este reconocimiento y poder llevar más allá y crecer con la empresa. Tenemos el compromiso de mantenerlo, pero también de hacerlo crecer y llevarlo a distintos lugares, ya que somos más y podemos abarcar más mercado, volvernos más específicos y más profesionales, adaptándonos a toda esta nueva era tecnológica que inevitablemente si no te adaptas te deja fuera”.
Los desafíos actuales están directamente ligados a la innovación. “La tecnología avanza muy rápido y cada vez son más precisos los equipos y sobre todo más accesibles. Entonces, requiere constante capacitación para poder implementarlos en el campo, porque hoy en día está la disyuntiva entre lo que se viene haciendo e implementar nuevas herramientas tecnológicas para perfeccionar esas actividades”.
En ese camino, el uso de drones y software avanzado abre nuevas posibilidades. “El incremento de los costos genera que los productores quieran hacer un análisis más detallado de lo que está sucediendo y con estas tecnologías han encontrado un ahorro de hasta el 70% o más en químicos porque podemos llegar a detectar hasta milimétricamente las malezas o plagas, hongos, no es únicamente para malezas”.
La digitalización de los campos es otra meta. “Los productores no lo ven como una amenaza a esta innovación tecnológica. Están dispuestos a meterse en estas innovaciones y los equipos son más accesibles que la maquinaria grande, entonces lo toman como un complemento a las maquinarias que ya tienen hoy. En Argentina, por la extensión de los campos, es necesaria la tecnología de drones y digitalización, por eso creo que no lo ven como una amenaza. No es que se van a quedar sin trabajo, sino que simplemente cambiará la forma de realizarlo”.
La empresa aclara que su trabajo no es de contratistas, sino de asesoramiento. “Desarrollamos técnicamente todo ese proceso para poder asesorar a productores y contratistas en que se haga de la forma más eficiente, con el correcto uso de los recursos humanos y capitales, y también teniendo muy en cuenta que todo este aspecto del agro impacta directamente en la salud. Entonces el buen uso, llamada también de ´buenas prácticas agrícolas´, el buen uso de los químicos y el cuidado de la salud también es importante”.

Con una proyección cada vez mayor, con promesa de expansión territorial y con mucho por contar, Ingeniero Oliva se posiciona desde nuestra ciudad hacia toda sudamérica. Y en paralelo, una historia familiar que incluye a un matrimonio y sus dos hijos. Todos, empujando al crecimiento de Ingeniero Oliva.
fuente: cdenoticias.com




