“Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado”. Así comienza la carta del general Juan José Valle dirigida a Pedro Eugenio Aramburu. Es el 12 de junio de 1956. La escribe en la Penitenciaría Nacional. Pocas horas antes se había entregado, tras obtener la palabra de honor de un alto funcionario de la Revolución Libertadora de que así se terminaría el baño de sangre desatado en la noche del 9 al 10 de junio con fusilamientos a oficiales rendidos después de un fallido alzamiento.