Argentina es emocionalmente superlativa. Casi toda acción convocante ignora parcialidades y, para agregarle mayor complejidad, las manifestaciones suelen ocurrir en simultáneo. Así, en el calendario de efemérides convulsas, el 6 y 7 de junio, mientras cientos de miles de ricoteros despedían a su mecenas en Villa Domínico, Lali se subió al escenario del Monumental para dar dos shows agotados. Un goteo de angustia que cubrió un caudal de éxtasis y que terminó obturado por un alud triste: un relojito de arena con ciclotimia colectiva. Y en el mismo fin de semana también se celebró el Día del Periodista, una suerte de guiño a un mundo que el primero esquivó y la segunda hizo su hábitat.