“Los Fabelman”: Steven Spielberg se mira en el espejo de su infancia

Los Fabelman 8 Puntos

The Fabelmans, EE.UU., 2022

Dirección: Steven Spielberg.

Guion: Steven Spielberg y Tony Kushner.

Fotografía: Janusz Kaminsky.

Música: Johm Williams.

Intérpretes: Michelle Williams, Gabriel LaBelle, Paul Dano, Seth Rogen, Mateo Zoryon Francis-DeFord, Judd Hirsch

Estreno en salas exclusivamente.

Un accidente de trenes. Eso es lo que fascina al pequeño Sammy Fabelman (6 años) la primera vez que va al cine, en compañía de sus padres. No la película en sí (la mamotrética El espectáculo más grande del mundo, de Cecil B. de Mille), sino la escena específica (muy buena, en verdad, y filmada en un Technicolor que marea de tan espectacularmente falso) en que dos trenes chocan, desparramando vagones, pasajeros y animales salvajes enjaulados. Sammy abre los ojos muy grandes, maravillado ante esa especie de alucinación colectiva (la sala está llena), y cuando su padre le regala un reluciente tren eléctrico lo primero que hará será pedirle prestada su cámara 8mm., montar una colisión en pequeña escala y filmarla, para su propio asombro y el de su familia.

Ya se sabe que hay una zona de cine de Steven Spielberg donde el sentido de maravilla prima, como demuestran E. T., Encuentros cercanos del tercer tipo y la primera parte de (la primera) Parque jurásico. Y aquí vuelve a reinar, siempre con un niño (o un niño grande, como Richard Dreyfuss en la segunda de las nombradas) como protagonista. La única diferencia que Sammy Fabelman tiene con Steven Spielberg es el nombre.

En todas las películas mencionadas, tanto como en Atrápame si puedes, el rol de la familia es clave en la formación del protagonista, y en Los Fabelman -candidata a siete premios Oscar- es más determinante que nunca, tal como indica el título. Corre el año 1952 (Spielberg tenía la misma edad que Sammy) y Burt Fabelman (un excelente Paul Dano) es un ingeniero eléctrico genial, pionero en la investigación de computadoras. Su trabajo lo lleva de New Jersey a Phoenix , de allí al norte de California y luego a Los Angeles. Su familia lo sigue de un destino laboral a otro, hasta que… bueno, ninguna mujer soporta seguir durante tanto tiempo a su marido, ocupando un rol secundario en su vida. Mitzi Fabelman (Michelle Williams, nominada al Oscar por este papel) es una ex pianista que pospuso su vocación pero conserva su pasión por la música, que coincide con la de su hijo Sam (Mateo Zoryon Francis-DeFord a los 6 años, Gabriel LaBelle en la adolescencia) por el cine. De hecho y aunque el bueno de Burt le compre al hijo todo lo que necesita para ser cineasta (una cámara de 16mm, un proyector y una moviola), el lazo fuerte de los Fabelman es entre Mitzi y Sam. “Hacer otro mundo te hace estar a salvo, y feliz”, le dice Mitzi a Burt, pero lo mismo podría decir Sam.

Felices parecen, sin embargo, los Fabelman en su conjunto, incluidas las tres hermanas del protagonista. Al menos hasta el momento en que una sombra aparece en el horizonte y Mitzi se arroja a ella, con la misma impulsividad con que literalmente persigue a un tornado en auto, junto a sus tres hijos mayores. Felices son los Fabelman, más que simplemente parecerlo, como lo demuestra por ejemplo un campamento con canciones, baile y risas, compartidos con Bennie (Seth Rogen), uno de esos amigos al que de tanto que está en casa todos llaman tío. Es en ese campamento, sin embargo, cuando Sam descubre qué está pasando con su madre. Pero no lo descubre con sus propios ojos sino con la moviola. Como alguna vez dijo Jean-Luc Godard, en ese momento para Sam el cine es la verdad a 24 cuadros por segundo, en una escena que recuerda a su vez enormemente la de Blow Out, de Brian de Palma, cuando John Travolta revela un crimen por los mismos medios.

La visión familiar de Spielberg es seguramente idealizada, pero llega un momento en que Los Fabelman se convierte en una precuela de E. T., donde el pequeño Elliott sufría la separación de sus padres. Mitzi, que tiene algo de heroína trágica (aunque al final resulte algo así como la heroína de una épica íntima) es para Sam otra fuente de maravillas, semejante a la del cine, y quizás por eso en una escena clave Spielberg la filma con una fuerte luz artificial de fondo, en lo que es un sello de la casa. Mitzi es la luz, y el cine se goza en la oscuridad. Como la noche en que Sam Fabelman pisa por primera vez una sala de cine, de la mano de Burt y Mitzi.

https://www.youtube.com/watch?v=zmXp-mytse0

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