A 60 años de “Please Please Me”, en los orígenes de la beatlemanía

El mundo cabe en una canción, titulaba Fito Páez uno de sus discos del milenio. Certera y holística forma de definir esa cosa que remueve vísceras a menudo. “Please Please Me” –el caso– tal vez no esté entre las que les cabe un mundo con más facilidad. No suele entrar como “mejor canción”, en las fantasías de cada quien. Para eso hay otras, y con justicia. “Stairway to heaven”, “Like a Rolling Stone”, “Comfortably Numb”, “Yesterday”, “Paranoid”, por nombrar un puñado. “Please please Me”, no. Incluso, puede que esté bastante lejos de esos sitiales.

Su letra tampoco ayuda. No es más que un pedido medio desesperado y medio velado de un joven de 22 años (Lennon) por tener sexo con su chica, tópico recurrente en el rock and roll, y sobre todo en los bluses de la era. Musicalmente, lejos está de ser un tema revolucionario. Incluso costó bastante convencer a George Martin de publicarlo tal como había quedado en su origen. Sonaba asincrónica, a un tempo lento que la acercaba más a las composiciones de Roy Orbison, que a la “fórmula del éxito”, que productor e incluso músicos buscaban para entrar en los benditos charts. Para que Martin finalmente tuvieran fe en ella, hubo que modificarla. Y bastante. El beat se aceleró en busca de un ritmo más veloz, lúdico y contagioso, y John debió ajustar la sonoridad de sus arreglos de armónica para adaptarla al mersey beat, género taquillero por antonomasia. Esta secuencia (si se busca en redes se encuentra) se puede apreciar en la progresión de las 18 tomas que se necesitaron para lograr el cometido de Martin en estudio, y detonar su crítica más certera… la que escribió el DJ y presentador televisivo Keith Fordyce para el New Musical Express. “Es un plato realmente deleitable, lleno de vigor y vitalidad”.

Que se esté volviendo sobre ella justo a sesenta años de su publicación tiene que ver con esto: con el vigor, la vitalidad, lo fresco, y lo contagioso, componentes cancioneros que marcarían un punto de inflexión –y no solo en lo musical– en las conciencias de vastos pobladores del mundo occidental: la beatlemanía. Pero también una bisagra hacia el mundo interno de John. Fue la primera canción que le gustó a su tía Mimí, algo así como la primera crítica del músico a punto tal que le llegó a decir que se le iba a complicar ganarse la vida “tocando la guitarra”.

La trascendencia de “Please Please Me” radica además en que se trata de la primera pieza afamada cuyo protagonismo central –pese a la coautoría formal de Paul McCartney–, le pertenece a Lennon. Paul ya había tenía su momento con el single debut (“Love me do” + “P.S. I love you) y John le contestaría con esta pieza que Paul, pese a los posteriores tsunamis beatleros, tuvo el tino de incluir en “The US tour”, su gira de 2005 por Estados Unidos y Canadá.

Otra arista que marcaría a fuego el destino de la canción cumpleañera fue que finamente logró el cometido de músicos y productor, al convertirse en número 1 en los charts británicos y permanecer treinta semanas ahí, gracias a las trescientas mil copias que vendió en el Reino. Pero no solo. Incluso determinó un repertorio menos ríspido del que la banda había propuesto durante los momentos de Hamburgo y –en parte— The Cavern. Fue asimismo uno de los caballitos de batalla para que los escarabajos dejaran de ser teloneros de numeritos de era como Helen Shapiro o Tommy Roe, para convertirse en numerazos centrales, incluso alabados por tipos que antes alababan ellos. Orbison mismo, musa junto a Bing Crosby de las primeras versiones de “Please, please me”. En rigor, Lennon la compuso en la casa de Avenida Menlove –la de Mimi– mientras escuchaba Only the Lonely, del “Caruso del rock”.

La inevitable e invencible trascendencia de “Please, please me” radica en otro dato contundente: fue la elegida para nombrar el primer disco grande de The Beatles, ese que tiene en la tapa a los cuatro apoyados en la baranda del balcón de una de las oficinas de la EMI, en Londres. Impera, es decir, como el principio del verbo en todas las religiones, como el vocablo más asociado al principio, a la génesis, al mito de origen. Nombrarla, implica que caiga como una ficha en colores el fenómeno social, cultural y musical que provocaron John, George, Paul y Ringo durante esos años.

Para llegar al LP debut, del que también se están por cumplir sesenta (el 22 de marzo), solo hubo que completar la fórmula agregando los dos temas del primer simple (el lado Paul del mundo, durante esos mozos años), y una parvita de piezas compradoras que sonaban como en cualquier concierto tipo en The Cavern: “Anna (go to him)”, de Arthur Alexander; “Boys”, de Dixon-Farrell, cantada por Ringo Starr; “Chains”, del dúo Goffin-King, “Baby It`s You” (David-Williams-Bacharach) y “Twist and shout”, de la dupla Scott-Marlow. Entre las propias, en tanto, figuran “There´s a place”, “I saw Her Standing There”, “A taste of Honey”, "Love me do", “Misery”, “Do you want to know a secret”, que aparecerían por última vez firmadas como McCartney-Lennon, dado que luego se invertiría la ecuación nominal. Ellas, más las antedichas y, claro, “Ask me why”. Esta se destaca puntualmente, porque también cumple sesenta años hoy. Es el lado B de “Please, please me”. Su otro par que en verdad iba a ser un tema de Paul llamado “Tip of my tongue”, hasta que Martin mandó parar, porque no le gustaban los arreglos. Sería oro en polvo conseguirla hoy, pero permanece como un tesoro perdido, dado que el tiempo se tragó los masters, y solo existe una versión discretita del ignoto Tommy Quickly, editada en 1963.

Lo concreto es que la cara B de “Please…” fue “Ask me why” cuya letra –vista desde hoy— era una ingenuidad, apta para esas suegras que preferían un beatle más que un stone. Apenas podría rescatarse de ella que se trata –se supone— de una declaración de amor de John a Cinthia Powell, embarazada entonces de Julian. Por lo demás, apenas los pulcros arreglos vocales que la dotan, poniendo en duda –aunque no desacreditando– aquello de que Lennon era más rockero que McCartney. El tema incluso está inspirado en una canción de The Miracles (banda pop y eminentemente vocal) llamada “What`s so good about goodby”. Con este lado B grabado en seis tomas –tres veces menos que su cara A– aparece también el uso del falsete que la banda impondrá en su breve pero intenso devenir.

Hace sesenta años pasó, cuando todo era –casi nada– el principio.

Artículo original de www.pagina12.com.ar

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