El 29 de julio no es una fecha cualquiera para las universidades públicas, la ciencia y la tecnología. Hace exactamente 60 años, la dictadura de Juan Carlos Onganía atravesaba un límite que quedaría marcado a fuego en la memoria. Pasó a la historia como “La noche de los bastones largos” y consistió en la intervención de las casas de estudio y el fin de su autonomía. Con la excusa remanida de “combatir al enemigo comunista”, en plena Guerra Fría y con la doctrina de la seguridad nacional a puro estreno, autoridades, docentes y estudiantes fueron reprimidos por las fuerzas de seguridad al resistir la medida oficial. Como resultado, algunos de los cerebros más destacados de la época debieron emigrar y seguir con sus carreras en otras latitudes. A seis décadas de lo sucedido, y a pesar de estar en democracia, es posible establecer paralelismos con el gobierno de Milei que, desde su asunción, no deja de vapulear a la educación superior.



