Gillian Anderson y Hannah Einbinder describen la película dirigida por Jane Schoenbrun como una vivencia que redefinió su forma de interpretar personajes poderosos.

Las dos intérpretes, reconocidas por sus papeles de carácter firme, encontraron en el proyecto una oportunidad para adentrarse en matices inéditos, inspirados en la estética del cine de terror slasher.

Según sus declaraciones, el rodaje les brindó la posibilidad de explorar facetas emocionales distintas, ampliando su repertorio artístico y aportando una visión fresca al género.