Agroquímicos bajo sospecha en Argentina

Un estudio de la Universidad de Rosario detectó que abortos espontáneos y casos de hipotiroidismo se multiplicaron por 2,5 en nueve localidades de Santa Fe. En una de ellas, la Corte ratificó la prohibición de fumigar a menos de 1.000 metros. El Gobierno echó a una investigadora que halló niveles de glifosato nueve veces superiores a los de Europa.

El campo argentino no es necesariamente un paraíso natural. En Sastre y Ortiz, un pueblo de 6.000 habitantes de la provincia de Santa Fe, una de las más fértiles del país, varios vecinos enfermaron por los agroquímicos que se aplican en los cultivos de soja y maíz que lo rodean, según los médicos.


Sonia González y Luis Blanco padecen hipotiroidismo y deben costearse la medicación de por vida. Él, además, tuvo cáncer. También lo tuvo la hija de Sonia, antes de cumplir un año. “Uno de los médicos nos llamó, nos mostró la placa que le estaban haciendo y nos dijo: ‘Esta gorda no sé si pasa la noche’”, recuerda González en diálogo con DW.

La niña finalmente se curó. Su caso y otros sirvieron para que los vecinos consiguieran que un juez prohibiera en 2018 fumigar a menos de 1.000 metros del pueblo. En agosto pasado, la Corte Suprema de Argentina ratificó ese fallo. “Hay muchos testimonios, incluso de médicos”, señala González. Entre ellos destaca el de una pediatra local que documentó en detalle los casos de dermatitis.

Efectos con dosis mínimas

Según un estudio publicado en julio por médicos de la Universidad de Rosario, en Sastre y Ortiz y en otros ocho pueblos santafesinos rodeados de cultivos fumigados, los casos de hipotiroidismo y de abortos espontáneos se multiplicaron por 2,5 entre 2008 y 2018.

“Ni siquiera es necesaria una dosis muy grande para que estos agrotóxicos tengan efectos en la salud. Con dosis nanomolares, muy, muy pequeñas, pueden afectar nuestros sistemas biológicos”, explica Alejandro Vallini, médico e investigador de esa universidad. “Y justamente esas disrupciones endocrinas, además de hipotiroidismo, pueden causar abortos”, añade.

El mismo equipo había publicado en 2023 otro trabajo según el cual en esos nueve pueblos había 2,6 veces más casos de cáncer que el promedio argentino.

Una investigadora despedida

En una investigación conjunta con la Unión Europea, la ingeniera agrónoma Virginia Aparicio, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), halló plaguicidas en sangre, orina y heces de personas y animales del sudeste de la provincia de Buenos Aires. El organismo estatal acaba de exonerarla, con el argumento de que hizo un uso indebido del patrimonio del Estado.

“Son excusas”, responde Aparicio. “Estamos expuestos en general, pero particularmente en Argentina, porque se usa más glifosato y hay mayor concentración: nueve veces más que en Europa”, advierte.

La postura del sector agrario

La presidenta de la Federación Agraria Argentina, Andrea Sarnari, sostiene que la mayoría de los productores toma precauciones al fumigar y que hay estudios que avalan hacerlo a 100 metros de las poblaciones. “Hay que aplicar cuando el viento lo permite y no lleva las derivas más allá de lo normal”, indica. Según Sarnari, tampoco hay que circular con la maquinaria cargada por zonas urbanizadas o donde conviven grandes comunidades de personas o de animales, porque la mayoría de las regiones son agrícola-ganaderas.

Las recomendaciones incluyen además fumigar lejos de los cursos de agua y controlar dónde se lavan las máquinas. Pese a ello, los casos de enfermedades se repiten en el campo argentino. Más allá de Sastre y Ortiz, en distintos pueblos del país se suceden a diario denuncias de fumigaciones sin control, fallos que las frenan, fallos que las permiten y fumigaciones que desafían las prohibiciones.

AR