Un bombardeo llevado a cabo por fuerzas rusas dejó como saldo mínimo dieciséis muertos en la capital ucraniana y sus alrededores, provocando la condena del presidente Zelenski y alertas de seguridad en Polonia y Rumanía.

El mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, instó a la comunidad internacional a adoptar una respuesta contundente frente a la escalada militar proveniente de Moscú, calificando los ataques como una grave violación del derecho internacional.

Los episodios de violencia generaron una inmediata elevación del nivel de alerta en los estados limítrofes, entre ellos Polonia y Rumanía, que han reforzado sus medidas de seguridad ante la creciente tensión en la región.