
Tras la presentación de su libro, el politólogo brindó una breve entrevista en la que respondió sobre los límites de la democracia. La “reconversión” local y 2027 con obra pública nacional, pero sin anuncios.
Este sábado, Andrés Malamud presentó su último libro en Olavarría, escrito junto a Astrid Pikielny, y tras el encuentro brindó una entrevista a Central de Noticias y otros medios locales.
Respondió sobre su libro, los límites de la democracia, la figura de Helios Eseverri y la actualidad de Olavarría en la era de Javier Milei.
-¿Cómo te sentís después de esta presentación?
De alegría enorme. Siempre siento alegría cuando estoy en Olavarría. Y cuando me reciben de esta manera, se duplica. Esto es lo que yo quería. No es que uno hace todo lo que hace para estar en su pueblo, pero casi.
-¿El profeta volviendo a la tierra o es demasiado?
No, no. Me veo como un olavarriense. Y sentirse querido por los olavarrienses es lo mejor que uno puede sentir. Y este libro se llama Operación Argentina, pero el grupo de Whatsapp que teníamos con la editorial para organizar esto se llamaba Operación Olavarría. Y me daba una alegría enorme cada vez que entreteníamos mensajes y me aparecía arriba del teléfono “Operación Olavarría”.
-Más allá de esta situación, ¿por qué trajiste a Helios Eseverri a la presentación y al libro en sí?
Yo soy un politólogo. Estudio la política. Se estudia en la universidad leyendo libros. Yo entendí los libros que leía viendo a los políticos actuar. Y al primer político que vi y me hizo entender los libros fue Helios Eseverri, como nadie antes o después. Fue el tipo que me hizo entender a Marx, a Weber y a Maquiavelo. Sin ver actuar un político a la talla de Helios, yo creo que no habría alcanzado ni la mitad de lo que alcancé como politólogo.

-¿Los políticos de ese momento y los de ahora tienen alguna diferencia?
Sí, pero no es necesariamente culpa de los actuales. Surgen líderes excepcionales en tiempos excepcionales. Y una transición democrática es un tiempo excepcional. La democracia es normal, es rutinaria y es aburrida. Por lo tanto, los líderes de una democracia normal son siempre menos brillantes que los excepcionales, que los líderes de las transiciones. Alfonsín y Eseverri, hubo dos. Uno de cada.
-Es interesante lo que planteas, que el Milei de hoy no sería posible sin el Alfonsín del 83. ¿Por qué?
Se puede decir que Milei es de derecha. La derecha llegaba al poder en Argentina a través del golpe de Estado. Hoy no hace falta. Hay elecciones, la gente respeta el resultado. Hoy puede ganar la izquierda, puede ganar la derecha y nos puede gustar o disgustar. Pero la democracia es eso: aprender a vivir con lo que te disgusta. Milei llegó porque hay elecciones. No hubiera llegado nunca siendo un general.
-Hay una parte en el libro donde vos hablás de una democracia consolidada, pero de una sociedad frustrada. ¿Y el futuro, entonces, cómo se vislumbra?
Insatisfactorio. Yo soy optimista, pero no voy a engañar. En la mayor parte de las democracias del mundo, los electorados están insatisfechos con la democracia. Hay dictaduras que se satisfacen más por menos tiempo. Pero la democracia tiene cableado en su sistema insatisfacer, porque en el mismo momento de la elección vos estás generando un cuarenta y tanto por ciento de perdedores. Y esa gente no está contenta. Pero lo que perdió es mucho menos de lo que pierden las dictaduras. Cuando en la dictadura vos estás del lado equivocado, arriesgas la vida. Cuando en la democracia estás del lado equivocado, arriesgas el buen humor. Te quedas enojado por cuatro años. Pero en general lo que pasa es que tenemos la chance de resarcirnos cuatro años más tarde. Y es lo que la gente hace. Se deshace de los políticos sin derramamiento de sangre. Así que la insatisfacción es permanente en democracia. Pero nunca es la insatisfacción de que te maten. Es la insatisfacción de saber que tenés que vivir unos años más para probar otra vez.

-Dentro de esta insatisfacción, se habla de que la gente en este momento está con un mal humor, con una frustración muy manifiesta. ¿Qué ves en proyección para el año que viene, que va a ser el año electoral? ¿Hay posibilidades de esperanza?
Sí, siempre hay. Pero hay una insatisfacción que hoy es mayoritaria. Solo que no es homogénea. Los sectores más insatisfechos son conurbanos, bonaerenses y después ciertas franjas etarias. Si vos ves grupos, por ejemplo, los chicos, varones jóvenes, están menos insatisfechos que los demás. La gente que vive en la cordillera está menos insatisfecha que la gente que vive en los conurbanos.
Este es un sistema que está en tránsito. Es una transformación económica. Esa transformación tiene perdedores. Estamos condenados a que haya gente que va a estar descontenta, insatisfecha y hasta que la va a pasar mal. Lo que dice el gobierno es que no hay alternativa. Y la prueba es que los gobiernos anteriores intentaron otra cosa y fracasaron.
Por lo tanto, hay que bancarse que las cosas van a ser duras al principio. Hay que bancarse si uno quiere llegar al destino que el gobierno promete. Si uno no está de acuerdo con ese destino, no se lo tiene que bancar. Tiene que votar otra cosa.
-¿Cómo ves la Olavarría bajo gestión peronista?
Creo que Olavarría está mal, pero eso es independiente de la gestión municipal. Que no juzgo, porque no estoy en condiciones. Yo soy vecino de Olavarría, voto en Olavarría, pero no resido permanentemente, así que no me corresponde.

-¿Tiene que ver con lo que decías antes de los conurbanos?
¿Qué es lo que está prosperando en Argentina? Está prosperando el campo, la energía y la minería de tierras raras y metales. Nosotros tenemos la otra minería. Estamos construcción e industria. Es lo que no está funcionando en Argentina.
Olavarría está perjudicada porque el actual modelo económico no beneficia las cosas que nosotros hacemos. Si hubiéramos mantenido lo que Helios Eseverri proponía, una plaza médica dentro de la provincia, transformar Olavarría en un centro que sea mucho más educativo -que algo de eso tenemos, porque las facultades quedaron-, cultural y tecnológico, entonces podríamos superar esta transición mejor. Pero nos quedamos en la minería de piedra y nos quedamos en actividades que funcionaban.
Pero no nos dimos cuenta de que en el futuro otras cosas iban a pasar. Es como la Argentina de 1930. La Argentina agropecuaria funciona cuando el mundo te compra. Cuando el mundo te deja de comprar, tienes que reconvertirte. Olavarría no se reconvirtió a tiempo. La tasa, el Impuesto a la Piedra, no fue utilizado para crear industrias alternativas, sino consumido en gasto corriente.

-Proyectaste para el año que viene un retorno de la obra pública. Lo planteaste en términos electorales, pero ¿no sería una ruptura con la base de la propuesta de Milei que fue “obra pública cero”?
Sí, y ahí entra el pragmatismo de Milei. Él muchas veces hace cosas diferentes de las que dice, Muchas veces. Pero no lo dice. Para mí lo más importante es política exterior. Él dijo que iba a hacer todo lo que hiciera Trump. Trump se retira de la Organización Mundial de la Salud, Argentina también. Trump se retira del acuerdo de París sobre el cambio climático y Argentina no, porque si no, no había acuerdo con la Unión Europea. Pero Millet no dijo “no nos retiramos”, fue calladito. Y lo mismo va a pasar con la obra pública. No va a decir que está haciendo obra pública, no se va a golpear el pecho. Simplemente va a hacer contrataciones, va a haber trabajo visible y va a haber consumo en el interior.
-¿Y quienes van a hacer obra pública son los mismos que lo han hecho siempre?
Las empresas contratistas, no sé. Los gobernadores serán aquellos con los que el gobierno busque alianzas.



