Hasta el minuto 86 del partido entre Costa de Marfil y Noruega en Dallas (Texas), Erling Haaland casi no había tocado la pelota. Aislado de sus compañeros, el goleador se perdía dentro del área marfileña entre los centrales Kossonou y Agbadou. Pero los jugadores de su estirpe son así: no entran en juego y cuando lo hacen, definen los resultados sin que le importe demasiado lo que habían hecho hasta ahí.



