El director Gregg Araki, conocido por su estilo singular desde su debut en 1995, asegura que su prioridad es generar emociones profundas en el público, sin preocuparse por encajar en los moldes de la industria cinematográfica.
Desde que irrumpió en la escena con su primera película en 1995, Araki ha sido catalogado como un creador difícil de encasillar por los grandes estudios. Sin embargo, el realizador no permite que esa falta de clasificación lo desanime ni le cause inquietud.
Según sus propias palabras, el motor de su trabajo es lograr que alguna de sus obras toque intensamente a alguien: “Hago películas para que conmuevan profundamente a una persona”. Esa es la razón que guía su proceso creativo, más allá de cualquier expectativa externa.



