Se extienden construcciones temerosas en zonas remotas de los Andes argentinos, Hawái y Nueva Zelanda, reflejando una visión distópica donde la supervivencia individual se vuelve la única meta.

Los proyectos arquitectónicos, inspirados en un futuro sombrío, buscan materializar el miedo colectivo mediante estructuras que recuerdan a castillos modernos, pero con un enfoque claramente autoritario y tecnológicamente avanzado.

Estos enclaves, ubicados en lugares aislados, representan la intención de aislar a sus habitantes de cualquier amenaza externa, priorizando la autosuficiencia y la protección personal por encima de cualquier organización social.