
Arrinconada ante la falta de votos, la senadora libertaria anunció el nuevo tope del 25% para la compra de tierras y comprometió a los aliados que participaron de la negociación.
“Propiedad no es soberanía. La propiedad es un papel, un contrato. La soberanía es hacer cumplir la ley en todo territorio”, aseguró Patricia Bullrich en el salón de las Provincias del Senado, 48 horas antes de la votación de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Arrinconada ante la falta de votos para aprobar el capítulo de Tierras, la jefa del oficialismo anunció los cambios al proyecto, agradeció a los aliados que le habían sugerido establecer un nuevo tope del 25% y buscó comprometerlos a acompañar el proyecto el jueves. Los números, sin embargo, están justos y Bullrich enfrenta una batalla mucho más importante: la disputa por el relato.
Bullrich había convocado la conferencia de prensa con la excusa de exponer los cambios negociados a último momento para poder aprobar la ley de Federico Sturzenegger, que el Gobierno ya intentó aprobar cuatro veces en el Senado. Oficializó el nuevo tope del 25% para la compra de tierras por parte de extranjeros a nivel provincial, un cambio que esconde la posibilidad de continuar avanzando con la extranjerización de tierras a nivel local, y agradeció a los senadores de la UCR, el PRO, la Neuquinidad, Salta y Tucumán que habían colaborado con la modificación del último borrador.
Sin mencionarlos con nombre y apellido, Bullrich buscó blindar así a los senadores aliados cuyo voto necesita garantizarse para aprobar el jueves el capítulo de Tierras: Flavia Royón (Salta), Julieta Corroza (Neuquén), Beatriz Ávila (Tucumán) y los radicales díscolos Flavio Fama y Daniel Kronenberger. “Hemos llegado a un dictamen común que pone el límite del 25% que nos asemeja a Brasil y nos permitirá crecer cuatro veces más”, se jactó, comparando el crecimiento de Brasil con Argentina en los últimos años. Un extraño paralelismo teniendo en cuenta que, en los últimos días, el presidente Javier Milei calificó al presidente brasileño, Lula da Silva, de “ladrón” y “corrupto”.
La jefa del bloque LLA, Patricia Bullrich, negocia para conseguir votos.
El objetivo de la conferencia, sin embargo, iba más allá. La senadora libertaria salió en defensa del proyecto de Sturzenegger –algo que casi ningún funcionario hizo, hasta ahora– e intentó desmontar los argumentos de la oposición. “Queremos terminar con los fantasmas, esta es una ley clara y concreta”, explicó la jefa de LLA en el Senado, quien calificó la Ley de Tierras Rurales de 2011 –que prohíbe la compra de tierras en zonas de fronteras y establece un límite del 15% a nivel nacional, provincial y local para la compra de tierras por parte de extranjeros– como una ley “de Máximo Kirchner”, pese a que el líder de La Cámpora no era legislador en aquella época.
“La única vez que la Argentina entregó soberanía a un gobierno extranjero fue al gobierno chino en la instalación de una base espacial. Fue la primera vez que en territorio argentino se instaló un estado extranjero con 200 hectáreas cedidas por 50 años. Eso fue en el gobierno de Kirchner”, recordó la ex ministra. A su izquierda, la senadora karinista Nadia Márquez, de Neuquén (donde se radicó la base), asentía con entusiasmo.
La batalla de Bullrich es comunicacional. En el oficialismo observan que en la sociedad se instaló el discurso de que la iniciativa avanza contra la soberanía del país y que cualquier senador que la acompañe está regalando la integridad territorial de la Argentina. Una idea que pesa sobre los senadores aliados, que están incómodos frente a la visibilización que tuvo el proyecto y observan que votar a favor de la ley les puede generar un problema cuando vuelvan a sus provincias.
La movilización central contra la ley será este jueves al Congreso.
“Se perdió el relato. Insistieron mucho, quisieron ir para delante a como dé lugar, y ahora la discusión no es sobre el federalismo sino que es sobre que están vendiendo la Patagonia”, se quejó un senador que integra una fuerza provincial, minutos antes de que Bullrich diera la conferencia de prensa. El senador viene acompañando todas las leyes del Gobierno y formó parte de la negociación que modificó la letra chica del proyecto de Inviolabilidad, pero ni siquiera él está convencido de acompañar la ley si el relato sobre la extranjerización de tierras continúa siendo el mismo.
“A nadie le gusta esto. Estamos todos incómodos”, admitió.
El caso Sagasti y la pelea por los votos
La votación particular del capítulo de Tierras se definirá por un voto. Así lo ven tanto en el despacho del jefe peronista, José Mayans, como en el de Bullrich, dos oficinas que concentraron mucho movimiento durante el martes. Hay un empate técnico de 35 votos para cada sector que, sin embargo, va cambiando hora a hora en base a las negociaciones que encara el oficialismo. El Gobierno, se quejan en el Senado, todavía no activó la maquinaria de presión.
Victoria Villarruel aceptó el pedido de Sagasti
Es por este motivo que se generó un terremoto en la oposición que Anabel Fernández Sagasti anunciase que no podía participar de la votación de manera presencial porque cursaba un embarazo avanzado de 32 semanas y la recomendación médica había sido que no viajase. La senadora de La Cámpora, muy cercana a Cristina Fernández de Kirchner, le solicitó a Victoria Villarruel que la autorizase a votar de manera virtual y, tarde a la noche del martes, la vicepresidenta hizo lugar al pedido.
A través de una resolución, Villarruel autorizó “ad referéndum” a Sagasti a participar de manera virtual o remota en las sesiones del Senado “mientras subsista la restricción médica”. La decisión, ahora, quedará en manos del recinto, que es quien deberá votar si acepta que la senadora peronista, que está en contra de la ley, podrá votar en la sesión del jueves. Un debate que protagonizará el inicio de la sesión y que funcionará como anticipo del resultado de la votación de la Ley de Tierras.
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