Caen los bonos soberanos argentinos y el riesgo país vuelve a subir: superó los 700 puntos

La caída de 1,5% promedio de los bonos soberanos en Wall Street volvió a encender interrogantes sobre el financiamiento futuro, la acumulación de reservas y la capacidad del país para sostener su programa económico. Es el número más alto desde las elecciones legislativas de octubre 2025, cuando el indicador se ubicó en los 685 puntos. Este lunes había cerrado en 675.

La escalada del riesgo país hasta los 710 puntos básicos marca el nivel más alto registrado en alrededor de un año y refleja un deterioro en la percepción de los inversores sobre la deuda argentina. Es una suba de 35 puntos con relación al último cierre.

La caída de 1,5% promedio de los bonos soberanos en Wall Street volvió a encender interrogantes sobre el financiamiento futuro, la acumulación de reservas y la capacidad del país para sostener su programa económico. Este lunes, el indicador elaborado por JPMorgan había registrado una suba del 4,2% para ubicarse en los 675 puntos en el inicio de la semana, impulsada por una nueva caída de los bonos argentinos en dólares. Este martes, siguió en alza.

Para esta nueva escalada confluyen la incertidumbre internacional y una situación interna más compleja desde el punto de vista político ante la falta de resultados del plan económico.

En el plano externo influye el rally del precio del petróleo que se ubicó en US$111, que estimula una alza en los precios de la energía, que luego replican en la inflación, lo cual puede impulsar una nueva suba de la tasa de interés en los Estados Unidos.

Los mercados se adelantan a este escenario y se desprenden de los bonos de los países emergentes, lo cual amplía la brecha de valor con el bono de referencia a 10 años del Tesoro de los Estados Unidos, que ahora rinde 5,15%. Al caer los bonos argentinos y seguir alta la cotización de referencia se produce el salto del riesgo país.

El número, por sí solo, puede parecer una referencia técnica reservada a operadores financieros. Sin embargo, cuando el riesgo país sube, envía una señal concreta sobre cómo el mercado internacional evalúa la capacidad de una nación para honrar sus compromisos financieros.

Este martes, el indicador elaborado por JP Morgan alcanzó los 710 puntos básicos, superando la barrera de las 700 unidades y ubicándose en su nivel más elevado desde antes de las elecciones legislativas de 2025, cuando el riesgo país había llegado a los 685 puntos básicos.

La cifra implica que la deuda argentina debe ofrecer una rentabilidad siete puntos porcentuales superior a la de los bonos del Tesoro de Estados Unidos para resultar atractiva a los inversores. Esa diferencia expresa el premio adicional que exigen los mercados para asumir el riesgo de prestar dinero al país.

Qué es el riesgo país y por qué importa

El riesgo país surge de comparar el rendimiento de los bonos soberanos argentinos con títulos equivalentes emitidos por Estados Unidos, considerados entre los activos más seguros del mundo. Cuando los bonos argentinos pierden valor, sus rendimientos suben y, en consecuencia, también aumenta el indicador.

Por eso, el movimiento reciente no es un fenómeno aislado. La suba del riesgo país es la contracara de una sostenida caída en los precios de los bonos argentinos, especialmente los denominados Globales y Bonares, que vienen registrando pérdidas en las últimas semanas.

Para el ciudadano común, el efecto no siempre es inmediato, pero termina impactando sobre variables centrales de la economía. Un riesgo país elevado encarece el acceso al crédito para el Estado, dificulta las emisiones de deuda en los mercados internacionales y también influye sobre las condiciones de financiamiento para empresas privadas.

Por qué vuelve a subir

Detrás de la escalada aparecen tanto factores internacionales como elementos específicos de la situación argentina.

Por un lado, el escenario global se volvió menos favorable para los mercados emergentes. El aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses reduce el atractivo relativo de los activos de países considerados más riesgosos y genera salidas de capitales hacia instrumentos más seguros.

Pero los analistas también observan cuestiones domésticas. Entre ellas aparecen las dudas sobre cómo el país afrontará los importantes vencimientos de deuda previstos para los próximos años, especialmente entre 2027 y 2028, y la capacidad oficial para acumular reservas internacionales suficientes que respalden esos compromisos.

A eso se suma un factor político que los mercados suelen anticipar con mucha anticipación: el inicio de las especulaciones sobre el escenario electoral presidencial de 2027. La experiencia argentina muestra que los períodos preelectorales suelen aumentar la volatilidad financiera, especialmente cuando existen dudas sobre la continuidad de los programas económicos.

Una paradoja para el Gobierno

La suba del riesgo país ocurre en un contexto particularmente incómodo para el Gobierno.

Durante los últimos meses, la administración de Javier Milei logró exhibir algunos resultados que históricamente eran valorados por los mercados: desaceleración inflacionaria, equilibrio fiscal, mejora en algunos indicadores externos y superávits comerciales significativos.

Sin embargo, la evolución de los bonos demuestra que los inversores no sólo observan el presente sino también el horizonte de mediano plazo.

La pregunta que domina las mesas financieras ya no parece ser si el programa económico puede estabilizar la coyuntura actual, sino si podrá sostenerse durante los próximos años y generar los dólares necesarios para afrontar los compromisos futuros sin volver a ingresar en episodios de estrés financiero.

El umbral de los 700 puntos

La barrera de los 700 puntos tiene además un valor simbólico.

Aunque no existe un nivel exacto que determine cuándo un país puede o no financiarse en el exterior, los mercados suelen considerar que, por encima de esos rangos, el acceso al crédito voluntario resulta extremadamente costoso. En la práctica, eso limita la posibilidad de emitir deuda internacional a tasas razonables.

La Argentina sigue lejos de los niveles extremos que registró durante episodios de crisis o reestructuración de deuda, cuando el indicador superó ampliamente los 1.500 o incluso los 2.000 puntos. Sin embargo, el regreso a la zona de 700 representa un cambio de tendencia respecto del optimismo que predominaba tras el triunfo electoral del oficialismo y la posterior caída del índice.

Lo que viene

La evolución futura dependerá de varios factores: la trayectoria de los mercados internacionales, la acumulación de reservas, la capacidad del Gobierno para despejar dudas sobre los vencimientos de deuda y el comportamiento de la economía real durante los próximos meses.

Por ahora, los 710 puntos constituyen una advertencia más que una crisis. Pero también muestran que, para los inversores, la estabilización macroeconómica todavía no alcanza para disipar completamente las dudas sobre el largo plazo argentino.

Mientras el Gobierno celebra los avances fiscales y monetarios, los bonos siguen enviando un mensaje más cauteloso: el mercado reconoce los progresos, pero todavía espera pruebas adicionales antes de volver a apostar de manera decidida por la deuda argentina.

Con información de agencias.