Aquella promesa y argumento de que la derogación de la Ley de Alquileres, en el inicio de la era Milei, traería más inmuebles al mercado y, como consecuencia, una reducción o al menos una moderación de los precios, no se cumplió en Rosario. Por el contrario, el incremento de la oferta convivió con una nueva escalada de los valores locativos, mientras los ingresos de trabajadores y jubilados continúan rezagados frente al costo de acceder a una vivienda.