
La Facultad de Ingeniería avanza en un proyecto de cooperación internacional orientado a la valorización de residuos mineros y al desarrollo de cementos de baja emisión de carbono.
Solidez, trayectoria y una fórmula innovadora. Eso destacan las dos investigadoras del prestigioso centro madrileño que visitaron días pasados la Facultad de Ingeniería en nuestra ciudad.
La definieron como un “activo estratégico” y nodo clave para la descarbonización industrial. Buscan transformar arcillas regionales en materiales de baja emisión. La idea es integrar el ingenio local con tecnología de vanguardia europea para enfrentar los retos del cambio climático.
El reconocimiento no surge de un gesto aislado ni de una visita protocolar. Llega desde uno de los centros más prestigiosos del mundo en investigación aplicada a la construcción y pone en primer plano el trabajo que la Facultad de Ingeniería de Olavarría viene desarrollando en materiales cementicios desde hace décadas.
La reciente interacción con especialistas del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja (IETcc) de España no solo consolida una agenda común: también confirma el posicionamiento de la institución en un campo estratégico a escala global.

En ese marco, la FIO avanza en un proyecto de cooperación internacional orientado a la valorización de residuos mineros y al desarrollo de cementos de baja emisión de carbono. La iniciativa combina conocimiento local, innovación tecnológica y articulación con el sistema productivo, en un escenario donde la transición hacia modelos más sustentables se vuelve una exigencia concreta.
La relación con el Instituto Eduardo Torroja no comienza ahora. Existen antecedentes que fortalecen este nuevo convenio: la Dra. Viviana Rahhal realizó una estancia como becaria en el prestigioso centro madrileño, y el Dr. Oscar Cabrera también trabajó allí, consolidando lazos académicos y técnicos que hoy se proyectan en este nuevo acuerdo.
Construir desde el territorio
La visita de las doctoras Ana Fernández Jiménez e Inés García Lodeiro permitió materializar ese vínculo en acciones concretas. El proyecto tendrá una duración de dos años y busca explorar la combinación de activación alcalina y térmica, con la meta de trasladar los avances al nivel industrial.
“Siempre hay un paso en el desarrollo tecnológico: se parte de una buena idea, que esa idea sea posible, que luego sea trasladable tecnológicamente y que finalmente resulte económicamente viable”, explicó el ingeniero Fabián Irassar, docente e investigador del Departamento de Ingeniería Civil de la FIO.

Las expertas españolas recorrieron las instalaciones de la Facultad, trabajaron junto a los equipos del Laboratorio de Materiales, intercambiaron criterios técnicos para la definición del plan de acción y ofrecieron conferencias abiertas a la comunidad académica y al sector productivo.
En ese contexto, disertaron sobre innovaciones en cementos de baja huella de carbono, compartiendo avances en cementos alcalinos, sistemas híbridos y nuevas alternativas para optimizar el uso de materiales. La participación, que reunió a más de 80 asistentes, evidenció el interés que despiertan estos desarrollos en ámbitos científicos y empresariales.
Colaboración que valida el conocimiento
Desde la mirada de las investigadoras, el vínculo con la FIO representa una oportunidad de alto impacto: “Impulsa el desarrollo de nuevos materiales cementantes, ayudará a generar datos comparables, y aprovechar la complementariedad científica, obteniéndose resultados sólidos” lo que permitiría “validar esta tecnología a mayor escala” mediante “una colaboración que encaja perfectamente con la agenda global de descarbonización del sector cementero”, sostuvieron las científicas europeas.
La articulación no solo fortalece la producción científica sino que aporta certezas en un sector donde las decisiones tienen fuerte impacto económico. “Argentina es poseedora de materiales que podrían usarse como SCMs (adiciones minerales) y trabajar juntos permite validar el conocimiento, comparar resultados y reducir el riesgo tecnológico, algo fundamental cuando la industria tiene que tomar decisiones importantes”, indicaron.

El reconocimiento hacia la Facultad se sostiene en una trayectoria consolidada. “La FIO tiene mucha experiencia trabajando con puzolanas y arcillas calcinadas. La activación térmica de arcillas para usarlas como SCMs en cementos u hormigones es una tecnología que dominan muy bien”, precisaron.
Ese recorrido se traduce en un posicionamiento estratégico dentro del sistema científico. “Esta colaboración en un verdadero activo estratégico, no solo académico. La FIO tiene una línea de investigación sólida y muy consolidada. Su gran valor está en la capacidad de formar profesionales que luego lideran laboratorios, empresas y organismos públicos; gente que influye en normativas locales y regionales, crea redes de colaboración en toda Sudamérica y actúa como un verdadero nodo de transferencia tecnológica”, valoraron, a un océano de distancia.
Desde Europa, esta articulación adquiere un valor adicional. “Para el IETcc y para Europa, esto significa ampliar su alcance científico y geográfico a través de una institución que ya tiene un reconocimiento importante en su entorno”, aseguraron.
Desafíos globales, soluciones compartidas
El desarrollo de nuevos materiales se inscribe en un contexto exigente, atravesado por regulaciones ambientales y transformaciones productivas. “La transición hacia cementos más sustentables no es solo un tema técnico: también es un reto industrial, normativo, económico y cultural. En el laboratorio podemos demostrar el potencial de estos cementos, pero la industria necesita que funcionen siempre, en cualquier planta, con cualquier lote de materia prima y bajo una normativa clara y definida”, aclararon las científicas del Instituto Torroja.
En el Viejo Continente, este proceso ya incide en la industria: “El costo del dióxido de carbono impacta directamente en el precio del clínker, aprieta los márgenes de las cementeras y afecta la competitividad frente a materiales importados”. A esto se suma la disponibilidad de insumos: “La escasez de adiciones tradicionales (al menos en Europa) provoca una importante necesidad de alternativas viables, y ahí es donde la colaboración internacional se vuelve clave”, detallaron.
En este escenario, la complementariedad entre ambos equipos abre nuevas posibilidades para ampliar el uso de materiales alternativos y mejorar su desempeño en condiciones reales de producción.
Ingenio, escala y proyección
Desde la FIO, el Ingeniero Fabián Irassar enmarca el proyecto en una transformación más amplia del sector. “Estamos en camino, donde se ha transformado ya la industria, donde se requieren estas adiciones o materiales suplementarios. Cada país busca distintas vías porque depende de su geografía, de sus recursos y su industria”, apuntó.
El desafío central, advirtió, está en llevar estos desarrollos a escala industrial: “El problema que tenemos en la construcción no es solo que sirva sino que tenga el volumen necesario, con miles de toneladas, para que eso sea una solución”.
También señaló la incidencia de las políticas globales: “El problema central está en cómo se desarrolla en el mundo la cuestión impositiva del CO₂. Ahí está la clave”, sostuvo el experto de la FIO que encabeza un equipo de investigación con décadas de trayectoria.
La cooperación contempla intercambio de investigadores (Dras. Silvana Zito y Roxana Lemma), formación de jóvenes profesionales (Ing. Lucia Montani) y desarrollo de líneas con potencial aplicación industrial. También pone en diálogo dos formas de hacer ciencia. “España aporta estabilidad, continuidad y capacidad para escalar proyectos. Argentina aporta resiliencia, ingenio y una eficiencia notable en el uso de recursos. La combinación es muy potente”, analizaron las doctoras Fernández Jiménez e Inés García Lodeiro.
El horizonte es claro: “Trabajar juntos hará posible proponer soluciones más robustas, más escalables y más sostenibles, aprovechando lo mejor de cada sistema científico”, enfatizaron.
Desde esa convergencia, la FIO no solo participa en la construcción de conocimiento. Se posiciona como un actor relevante en una agenda global que define el futuro de la industria y el desarrollo sustentable.



