En 1973 Dolly Parton escribió una canción de despedida que, tras casi veinte años, se transformó en el éxito mundial interpretado por Whitney Houston, gracias a la decisión de la artista de no cederla a Elvis.

La composición surgió como un adiós profesional y, con el paso del tiempo, fue pulida hasta alcanzar la versión que todos conocemos hoy. La pieza refleja no solo la capacidad musical de Parton, sino también su perspicacia para cuidar sus derechos de autor.

Al negarse a entregar la canción a Elvis, la “Reina del Country” aseguró que su obra permaneciera bajo su control, lo que finalmente permitió que Whitney Houston la convirtiera en una de las melodías más icónicas de la historia de la música.