Agustín Ormazábal tiene 32 años, pero la claridad mental de un científico de muchísimos años más sobre el lomo. Desde la Universidad Nacional de Quilmes, se dedica a la biofísica aplicada a comprender moléculas esenciales para crear antibióticos. Desde mayo de 2024 hasta la fecha, como tenía una beca de la Agencia de promoción científica, siempre cobró el mismo importe: 950 mil pesos. Todos los meses igual. Aunque podría viajar a Cambridge, donde ya tuvo una experiencia laboral positiva en un instituto de bioinformática, decidió quedarse a pelearla en Argentina. “Es el país en donde quiero vivir y al que quiero contribuir. Tengo una deuda con la universidad pública y con la ciencia de acá”, refiere.



