“¿Cómo sigo trabajando?”: la pregunta que cada vez más jubilados hacen en la Defensoría y las consecuencias en la salud

En la Defensoría de la Tercera Edad reciben cada vez más consultas de personas que están por cumplir 65 años y quieren saber cómo seguir trabajando. La caída del poder adquisitivo, el costo de la vivienda y los gastos de salud empujan a cientos de miles de adultos mayores hacia empleos informales y, en algunos casos, de riesgo.

“No tiene sentido vivir así”: se profundiza la crisis de los jubilados con el colapso de su obra social

Durante años, a la oficina de la Defensoría de la Tercera Edad que creó Eugenio Semino llegaban personas para asesorarse sobre cómo acceder a la jubilación. Pero las consultas cambiaron. Ahora, quienes están por cumplir 65 años preguntan cómo hacer para no jubilarse. “¿Cómo sigo trabajando?”, pregunta la gente mayor. El fenómeno comenzó hace dos años y, advierten, sus efectos sobre la salud física y mental son cada vez más preocupantes. “La oficina cambió de función porque todos saben que jubilarse, hoy, es caer en la indigencia”, dice Semino.

“Llego a mi casa totalmente estresado de la calle, con dolor en el estómago y las articulaciones de tanto estar sentado. Nunca pensé pasar mis últimos años así”, cuenta a elDiarioAR Jorge “Cacho” Smokvina, jubilado de 74 años. Seis días a la semana trabaja unas ocho horas como conductor de Uber y DiDi, en un auto que compró con todos sus ahorros para poder seguir trabajando.

Hace unas semanas, dos hechos expusieron crudamente algunas de las situaciones que atraviesan los adultos mayores. Un taxista de 80 años se quedó dormido mientras manejaba en San Telmo y chocó contra una columna de una estación de servicio. Trabajaba entre las 22 y las 6. Días después, en Cipolletti, la Justicia investigó como un pacto suicida la muerte de Jorge Horacio Ortiz, de 75 años. Su esposa, Mabel Ester Marx, sobrevivió. Ambos cobraban jubilaciones mínimas y destinaban casi todo el ingreso al alquiler. Pagaban $600.000 por un departamento cuya renovación superaba el millón de pesos y exigía tres millones por adelantado. Dejaron una carta en la que explicaban que no podían afrontar el costo.

Cada vez más adultos mayores se acercan a la Defensoría de la Tercera Edad para preguntar cómo hacer para no jubilarse y seguir trabajando.

Cada vez más adultos mayores se acercan a la Defensoría de la Tercera Edad para preguntar cómo hacer para no jubilarse y seguir trabajando.

Según el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), presentado a fines de agosto, el malestar psicológico en personas de 65 años pasó del 19,5% en 2017-2019 al 34% en 2024-2025. Entre quienes integran el estrato socioeconómico más bajo alcanza al 51,8%. El mismo relevamiento indica que el 46% de los hogares con personas mayores declaró ingresos insuficientes y que el 35,2% debió postergar o resignar atención médica o medicamentos por motivos económicos, el valor más alto de toda la serie.

“Es impresionante la cantidad de amputaciones que estamos teniendo por falta de seguimiento de la diabetes”, dijo Semino. En los hogares más pobres, ese porcentaje trepa al 55%. “Hay gente que nos está marcando un rojo en este semáforo de observación de la población”, explicó Solange Rodríguez Espínola, que coordinó el estudio.

El otro dato del fenómeno aparece en el mercado laboral. A fines de 2025, 686.160 personas de 65 años o más trabajaban en los 31 principales aglomerados urbanos, un 32,6% más que en 2016, frente al 17,8% del empleo general. La tasa de actividad llegó al 18,9%. Pero también empeoraron las condiciones laborales. El 48,1% trabaja por cuenta propia y la informalidad entre los asalariados mayores de 65 años trepó del 47% al 55,7%. En un año, los mayores de 66 con empleo desprotegido pasaron de 19.700 a 42.000, según el Instituto Argentina Grande.

“Ahora tengo un emprendimien…”, dice a elDiarioAR Nancy Yulán, que se jubiló como bibliotecaria y docente en Letras, y se detiene. “No me gusta llamarlo emprendimiento. Yo no soy emprendedora, soy trabajadora. Pero no me quedó otra. No puedo seguir mangueando a mi familia para el alquiler así que empecé a recorrer librerías de libros usados y me puse un puesto”, cuenta. Nancy es una de las personalidades más combativas de los jubilados en el Congreso que reclaman al Gobierno nacional. “Cada vez se complica más ir los miércoles porque todos estamos endeudados y tenemos que salir a trabajar o vender en la calle”, dice.

Nancy tuvo que armar un puesto de libros en Villa Luro para poder pagar el alquiler.

“Sí o sí tengo que salir a hacer de chofer todos los días para pagarme el techo, no me queda otra. No sé qué voy a hacer cuando se me rompa el auto. Intento no pensar en eso”, retoma Cacho Smokvina.

El emprendimiento de la bibliotecaria y licenciada en Letras, Nancy Yulán. Es una de las personalidades más combativas de los jubilados ante el reclamo con el Gobierno nacional.

El emprendimiento de la bibliotecaria y licenciada en Letras, Nancy Yulán. Es una de las personalidades más combativas de los jubilados ante el reclamo con el Gobierno nacional.

“Empecé bien, me volvía con guita fresca, pero ya no”, cuenta. “El libro es lo último”. Otros jubilados, agrega, van a Once, compran mercadería y la revenden. “Todos los jubilados que nos manifestamos los miércoles estamos revendiendo cosas”.

“Tengo una relación perversa con el Uber”, dice a elDiarioAR Osvaldo Paloma, otro jubilado que trabaja de conductor. Cada mañana, mientras maneja, sintoniza Blackie, una radio de jazz que lo ayuda a “relajarse” y “pensar en otra cosa”. “El auto me da plata para los remedios y, al mismo tiempo, estar acá sentado tanto tiempo me quita salud, años de vida”.

Una jubilación que no alcanza

En septiembre, la jubilación mínima quedó en $428.633 y el bono se mantiene en $70.000 desde marzo de 2024. La canasta que calcula la propia Defensoría, que incluye farmacia, comida, vivienda y limpieza, llegó en marzo a $1.824.682. El haber mínimo cubre poco más de una cuarta parte de ese costo.

“Saben que la tasa de sustitución en Argentina es muy baja, ronda el 50%. Entonces, antes de llegar a los 65, empieza a buscar trabajo”, explica Semino a elDiarioAR. En la Defensoría atienden entre 200 y 400 casos por día. Según Semino, muchos de quienes consiguen trabajo lo hacen en negro y en condiciones precarias.

“Donde vivo, en la zona de Mataderos, los remises que cruzan entre Capital y provincia son manejados durante la noche por personas de 70, 80 y hasta 90 años, muchas veces con vehículos en pésimo estado. También trabajan como serenos nocturnos y en seguridad. Son tareas crueles y peligrosas para una persona mayor”, describe.

El problema también alcanza a los derechos laborales. “El viejo muchas veces no demanda ni inicia un juicio laboral porque necesita conservar ese ingreso”, sostiene. “Sigue siendo bueno trabajar a cualquier edad”, dice Semino. “Pero el que trabaja por necesidad, pierde por obligación”.

Cada vez más jubilados trabajan en en aplicaciones como Uber para sobrevivir.

Cada vez más jubilados trabajan en en aplicaciones como Uber para sobrevivir.

El costo sobre el cuerpo y la mente

En la Facultad de Psicología de la UBA, otra oficina hizo un movimiento similar al de la Defensoría. Hasta febrero, Paula Hermida dirigía el Programa de Preparación para la Jubilación. Desde marzo, el programa se llama “Trabajo y envejecimiento: cambios en la identidad laboral”. Cambió el nombre porque también cambió el perfil de quienes llegan.

“Cuando empecé mi tesis doctoral, en 2009, el perfil de las personas jubiladas que entrevistaba era el de propietarios de sus viviendas”, cuenta a elDiarioAR Hermida, investigadora del CONICET. “Hoy encontramos muchas personas que llegan a la jubilación sin ser propietarias y tienen que seguir pagando un alquiler con ingresos mucho menores”.

Su equipo dejó de estudiar la salida del mercado laboral y comenzó a analizar la permanencia. A fines de 2025 relevaron a 125 trabajadores del Área Metropolitana, con una edad promedio de 65 años. Los resultados son preliminares, pero muestran inseguridad sobre la estabilidad laboral, problemas con los superiores y, sobre todo, una percepción de trato injusto.

Cacho dejó de ir al cine, dejó de comer carne y compra las marcas más baratas. Lo que no puede resignar es el ahorro para una eventual reparación del auto. “Estoy obligado a tener un ahorro. Si llega a romperse el coche, ¿yo qué hago?”.

“En este momento de la vida nosotros tendríamos que estar contenidos socialmente, tendríamos que estar en una etapa de jubileo”, dice. Y agrega: “La jubilación es el jubileo, disfrutar los últimos años de la vida. Y, sin embargo, tenemos que hacer otro esfuerzo”.

LN/MG