Con una agenda de impacto global, Trump recibe en la Casa Blanca a Xi Jinping

El presidente de EE.UU. elogia la "amistad verdaderamente grande" con su homólogo chino al inicio de primera reunión en suelo norteamericano. El líder del gigante asiático pidió explícitamente “evitar la confrontación”. Seguridad, tecnología y la IA, entre los temas en discusión.

Donald Trump elogió “la amistad verdaderamente grande” con el presidente chino. Y Xi Jinping emplazó a su homólogo en la Casa Blanca a “evitar la confrontación”. Así comenzó este jueves la cumbre bilateral entre ambos líderes en la Casa Blanca, un encuentro de alto impacto global por la colección de frentes abiertos existentes entre los dos grandes rivales geopolíticos, económicos, tecnológicos y militares.


“Desde mi primera presidencia en 2016, el presidente Xi y yo hemos forjado una amistad, una amistad verdaderamente magnífica, de hecho”, ha dicho Trump en la ceremonia de bienvenida en la Casa Blanca, “basada en el respeto mutuo y en los intereses vitales de nuestros pueblos. Hemos compartido tiempo juntos en diversas partes del mundo, desde Alemania hasta Argentina, pasando por Japón, Corea del Sur, Pekín y Palm Beach (Florida); sin embargo, resulta notable que esta sea la primera vez que nos reunimos aquí, en la Casa Blanca”.

Trump ha afirmado: “Trabajando juntos, el presidente Xi y yo hemos logrado avances enormes en los asuntos que afectan a nuestros dos países. Durante mi última visita, el pasado mes de mayo, creamos la Junta de Comercio; un mecanismo totalmente nuevo que ha cosechado un éxito increíble. Nuestros equipos han estado trabajando para fomentar una relación comercial más equilibrada, lo que incluye el nuevo acceso al mercado para los agricultores y ganaderos estadounidenses. También abordaremos cuestiones apremiantes relacionadas con la seguridad, la tecnología y la superinteligencia [como Trump llama ahora a la IA]. Las decisiones que tomemos hoy en estos ámbitos pueden fomentar la paz y la prosperidad durante muchas décadas venideras”.

Xi, por su parte, ha señalado ante Trump: “Ante los cambios que experimenta nuestro mundo y los tiempos actuales, y dada su relevancia histórica, China y Estados Unidos, como dos grandes naciones, asumen la responsabilidad histórica de impulsar el desarrollo y el progreso de la humanidad”.


“Como he dicho en muchas ocasiones”, ha señalado Xi, “China y EEUU, en tanto que grandes potencias, se benefician de la cooperación y salen perdiendo con la confrontación. No es necesario eludir el tema de la competencia, pero esta debe ser sana y mantenerse dentro de límites razonables. Debe tratarse de una carrera para alcanzar al otro, no de una lucha en la que uno gana y el otro pierde. China y EEUU deben mantener la premisa de evitar el conflicto y la confrontación; sin duda, podemos encontrar la vía adecuada para que ambas grandes naciones convivan en este planeta que compartimos como hogar. Nuestros ejércitos deben mantener un diálogo regular y perfeccionar los mecanismos de comunicación y prevención de crisis; es posible superar la 'trampa de Tucídides [concepto acuñado por el politólogo Graham Allison para describir la tendencia hacia la guerra cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a una potencia dominante]”.

Xi, también, ha recordado la lucha de ambos países en la Segunda Guerra Mundial contra el fascismo, ante el principal líder de la internacional reaccionaria: “Durante la Segunda Guerra Mundial, chinos y estadounidenses lucharon codo a codo contra la agresión fascista”.

El presidente chino ha terminado su alocución con un guiño: “El panda gigante ha sido un embajador de amistad entre el pueblo chino y el estadounidense. Tengo una buena noticia: dentro de unos días, dos pandas, Ping Ping y Fu Xuan, llegarán a su nuevo hogar en el zoológico de Atlanta”. Y ha sentenciado: “Lograr el gran rejuvenecimiento de la nación china y hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande son objetivos que pueden avanzar de la mano. Sigamos impulsando la amistad entre nuestros dos pueblos y trabajemos juntos para construir un mundo mejor”.

Rivalidad EEUU-China

Esta es la segunda visita del presidente Xi a Washington como máximo dirigente de su país. La primera tuvo lugar durante el mandato de Barack Obama, en 2015. En total, se ha reunido y ha hablado cara a cara con Trump en siete ocasiones; el de ahora es su tercer encuentro presencial en este segundo mandato.

En una declaración emitida tras su llegada, Xi afirmó que “ambos países deben ser socios, no adversarios”. Y añadía: “Las dos partes deben avanzar la una hacia la otra y trabajar juntas para construir una relación estable: una relación en la que la cooperación sea el eje principal, la competencia se mantenga dentro de los límites adecuados, las diferencias se gestionen y se pueda esperar paz”.

Sobre la agenda hay varios frentes abiertos entre los dos países. El primero es económico. Durante la guerra comercial lanzada por Trump en la primavera de 2025, EEUU impuso gravámenes del 145% y China respondió con otros del 125%. Las negociaciones posteriores redujeron estas cifras, y la tregua sellada por Trump y Xi en Busan (Corea del Sur), durante la cumbre de la APEC de otoño de 2025, rebajó el arancel estadounidense, pasando del 20% al 10%.

El acuerdo también aplazó por un año la aplicación de nuevas restricciones entre EEUU y China. Su vencimiento estaba previsto para el 10 de noviembre, pero este miércoles por la noche, tras una reunión no programada con el viceprimer ministro He Lifeng, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un acuerdo para prorrogarlo dos meses más, hasta el 10 de enero.

Inteligencia Artificial

La IA desempeña un papel mucho más relevante que en la anterior reunión. Pekín quiere que Washington deje de ampliar los controles sobre los chips, la capacidad de computación y los modelos avanzados; una política que, a juicio de China, ha pasado de proteger unas pocas tecnologías críticas a abarcar sectores enteros.

Ambas partes han comenzado a explorar una vía de cooperación: durante el fin de semana, He Lifeng y Scott Bessent acordaron formalizar un diálogo sobre IA, estudiar la creación de un canal de comunicación para incidentes graves y volver a reunirse en noviembre en Shenzhen (sur de China), en el marco de la cumbre de la APEC.

Taiwán sigue siendo el asunto más delicado. Y Pekín ha advertido de que esta cuestión podría conducir a ambos países a una “colisión e incluso a un conflicto”. China ha presionado a Washington para que cese la venta de armas a Taiwán.

Tras la cumbre de mayo en Pekín, la Administración Trump suspendió una venta valorada en 14.000 millones de dólares que aún está pendiente. Trump ha calificado las ventas de armas como una “excelente baza negociadora” frente a Pekín.

Las crisis en Oriente Medio ocupan otro lugar central en la agenda de ambos líderes. Estados Unidos espera que China utilice su influencia económica sobre Irán, su mayor comprador de petróleo, para presionar a Teherán y contribuir a poner fin a una guerra que dura ya seis meses.

La relación energética también otorga a Pekín un interés directo en la desescalada: el bloqueo naval estadounidense ha impedido que nuevos envíos iraníes atraviesen el estrecho de Ormuz con destino a China y ha reducido las exportaciones de la República Islámica, pasando de unos dos millones de barriles diarios en marzo a aproximadamente 250.000 en agosto.

China buscará impulsar el enfoque defendido por Xi en mayo: un alto el fuego permanente, la reanudación de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní y la reapertura del estrecho de Ormuz.