En una cultura que empuja a borrar las huellas del tiempo, la última etapa de la vida queda atrapada entre la invisibilización y el mandato de “envejecer bien”. Un psicoanalista especializado en clínica con adultos mayores propone desarmar prejuicios: la sexualidad que persiste, los proyectos que se reinventan y las marcas subjetivas del abandono, en un escenario donde el deseo, lejos de extinguirse, sigue diciendo.



