—No te vayas, aguantá… ¿Qué le digo a tu pibe? ¿Cómo le explico a tu mujer? ¡Ayúdenme! ¡Se muere! —Goyo susurra, implora, grita entre lágrimas de furia y agotamiento. Sus ojos vidriosos reflejan incredulidad y angustia; su rostro se deforma por la desesperación. Están en el centro de una ronda. Todos miran. Con gestos, advierten que asistirlos agravará sus problemas.