
Con el consumo y el empleo golpeados por las tasas altas y el atraso cambiario, aumenta el riesgo de una segunda recesión técnica. Un informe de la ACIJ, además, cuestiona los supuestos de inflación y crecimiento sobre los que Milei y Caputo armaron el proyecto de gastos para el año que viene.
La economía evoluciona y resulta difícil de anticiparla. Sobre todo cuando hay un gobierno como el de Javier Milei que cambia su propio programa económico en el tiempo. Al comienzo del experimento libertario, cuando el economista del insulto irrefrenable abandonó sus ideas de dolarización y cierre del Banco Central y adoptó el enfoque más ortodoxo que le acercó el ministro de Economía, Luis Caputo, en este panorama económico de elDiarioAR se preveía una recesión inicial con la devaluación inicial del peso y la licuación del salario. También una política monetaria restrictiva, como la aplicada por el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos entre 1979 y 1987, Paul Volcker, había derivado en dos recesiones en 1980 y 1982, antes de un fuerte repunte en 1983. Claro que Volcker contaba con una moneda fuerte como el dólar para estabilizar los precios.
La depreciación del peso inaugural de la gestión de Milei aceleró primero la inflación y eso licuó tanto el gasto público como la bola de letras (deuda) del Banco Central. Y así se bajó la inflación de un nivel alto (150% fue el último mes de la administración de Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y su ministro de Economía, Sergio Massa) a uno moderado (33% actual). El primer impacto de la reducción del índice de precios al consumidor (IPC) fue positivo para la actividad económica: medio año después de la devaluación el PBI empezaba a reactivarse.
Doblegar la inflación alta es reactivante. Es que el Estado cobra menos impuesto inflacionario y la gente pasa a tener más dinero en el bolsillo: en lugar de abonar a razón de $25 de tributo por mes, como sucedió en diciembre de 2023, primer mes del gobierno de Milei, se pasó a pagar 2 o 3. Además, al reducirse la inflación, la población ya no tiene que salir a comprar con desesperación porque mañana aumentan los productos y entonces dejan dinero en los bancos, que a su vez así se fondean para prestar. Las entidades financieras también se encontraron con capacidad prestable porque ya no debía adquirir las letras del Central. Así fue que apareció el crédito al sector privado, como un oasis en una economía que en un principio había caído en un desierto mayor al que había dejado el peronismo.
Construcción del gasoducto Presidente Néstor Kirchner en la provincia de La Pampa, Argentina, en enero de 2023.
Otros dos factores contribuyeron no tanto a la actividad como al ingreso de dólares: el clima acompañó, se pasó de la sequía de 2023 a cosechas normales en 2024 y los años subsiguientes, mientras que el actual gobierno se benefició de la herencia del anterior en lo que hace a la reversión del déficit energético en superávit. Milei, a su vez, reforzó a estos sectores primarios con rebajas impositivas, entre otras ventajas de las que privó a otros rubros de la economía.
Allá por la segunda mitad de 2024 y la primera de 2025 resonaban los consejos de economistas, incluidos los del Fondo Monetario Internacional (FMI), de que la autoridad monetaria que preside Santiago Bausili acumule reservas. Desoyó. En paralelo, la oposición peronista le preguntaba a dónde había llevado el oro y sólo ahora respondió que a Suiza, al Banco Internacional de Pagos, el banco central de los centrales. La senadora Juliana Di Tullio descree y teme que esté en Londres.
Si se hubiese acumulado reservas por aquel entonces, se hubiese tenido que emitir pesos para comprar los dólares y parte de esa moneda hubiera terminado en la demanda privada de esas divisas, con lo que el descenso del IPC habría sido más lento que el actual. Pero en vez de 1,7% en agosto podríamos tener un nivel más alto pero tolerable, sobre todo teniendo en cuenta la gestión del mismo Massa que ahora delira con pelear otra vez por la presidencia.
Bausili y Caputo.
Milei, Caputo y Bausili, en cambio, optaron por atrasar el dólar desde mediados de 2024 hasta ahora, lo que encarece y resta competitividad a la producción de bienes, no sólo manufacturas sino hasta producciones primarias también, y de servicios, desde turismo e informática hasta construcción. Apreciar el peso, abaratar la moneda norteamericana, la fórmula de siempre para bajar la inflación. Incluso en 2026, en que por presión del FMI comenzaron a acumular reservas, tampoco juntan lo suficiente como para reforzar al Central ni para evitar la sobrevaluación del peso. Una sobreapareciación que también deriva de la bonanza del campo, Vaca Muerta y la minería, pero que se podría ecualizar al menos en parte.
Cuando llegaron las elecciones legislativas de 2025, como siempre, se reforzó el apetito argentino por el dólar y, como no habían acumulado reservas, debieron recurrir al salvavidas de Donald Trump. Ahora el equipo económico está preparando refuerzos para los comicios presidenciales de 2027, pero el hambre criollo por el verde siempre puede sorprender. De hecho, la demanda de la divisa ya está fuerte incluso en tiempos de estabilidad, cuando comprarla trae pérdidas.
Pero el año pasado el gobierno libertario no sólo recurrió al presidente de EE UU sino también empujó a una suba sideral de las tasas de interés para frenar las ansias de dólar. Así es que mataron el crédito y volvió el desierto al consumo, ya de por sí vapuleado por un salario que nunca se recuperó. Milei y compañía sostienen que la mora de los préstamos a las familias es un problema entre privados, pero fue su gobierno el que encareció la tasa hasta volverlos impagables. Y fue su gestión la que aplastó los sueldos por debajo de la inflación. Elevados intereses y devaluados ingresos explican la irregularidad crediticia y su futuro desalentador. Seis millones de argentinos quedaron morosos, pese a que no deben mucho, pero no les alcanza entre remuneraciones bajas, retroceso del empleo formal, aumento del informal, peor pago, e incremento del desempleo.
Aumentó la tasa de desempleo
La desocupación subió en un año de 7,6% a 7,9% en el segundo trimestre de 2026 y la informalidad del 43,2% al 45%. Mientras, el PBI mejoró 2% interanual, pero bajó 0,6% en relación al primer trimestre. Si en el tercero vuelve a caer respecto del anterior, se podrá declarar técnicamente la segunda recesión en la era Milei.
El encarecimiento del crédito no sólo perjudicó al consumo sino a la construcción. Ahora el Gobierno intenta estimularla en parte aunque con sólo 18.000 préstamos hipotecarios. Pero además construir está caro en dólares, que es la moneda con la que se transan los inmuebles en la Argentina. Por más que el salario del obrero en particular y del trabajador en general esté bajo en términos de poder de compra, está alto en divisas en relación a los costos de construir y producir. Esto impacta también a las fábricas, además afectadas por la apertura de la competencia importada. Se destruyen empleos privados formales mientras se crean los de baja productividad, informales y cuentapropistas, como los de Uber o Rappi. La que consume es la clase media alta, la que compra autos chinos, pero el resto está peor. El único aliciente ha sido la recuperación de la asignación universal por hijo (AUH), deteriorada por el gobierno anterior, pero con el proyecto de presupuesto 2027 se elimina su actualización por inflación y su valor se pone en duda a futuro.
Sin financiamiento, por el elevado endeudamiento y a pesar de las nuevas líneas para inmuebles y autos, y con salarios estancados, no se moverá la economía doméstica. La amenaza de la recesión pende de un hilo. A esos dos factores se agregan otros contractivos: el atraso cambiario y el ajuste fiscal y monetario pro cíclico, es decir, que refuerza el estancamiento. Es que se cae la recaudación tributaria, entonces Milei mete más motosierra al gasto, eso enfría más la economía.
Nación y provincias se reunieron para coordinar una respuesta ante el riesgo de inundaciones
El autodenominado topo que vino a destruir el Estado no puede renunciar su dogma. ¿Qué pasará si el Súper Niño deriva en inundaciones que dañan la cosecha y, por consiguiente, la recaudación tributaria? Habrá que ajustar el gasto, en lugar de aumentarlo, en contraposición a lo que sostiene el proyecto de presupuesto del año electoral. Encima esta iniciativa está calculada a partir de previsiones muy optimistas: la mayoría en el mercado descree que la economía crezca en 2027 un 4%, por lo que los ingresos públicos serían menores a los estimados por Caputo, y desconfía en que la inflación baje tanto como para acomodarse en 18% en diciembre del año próximo, con lo cual el nivel de gastos se encuentra subestimado.
En el Monitor Presupuestario de la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) se puede constatar que si uno toma el pronóstico optimista de IPC del Gobierno, las erogaciones de la administración pública nacional -no abarca todo el gasto estatal federal- crecerán en 2027 10% respecto de 2026, aunque seguirán 26% por debajo del nivel de 2023. Si se adopta la referencia del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM), que elabora el Central, la inflación sería del 20%, las partidas crecerían 8% en relación al presente año y permanecerían 28% abajo de la herencia peronista.
En su primer informe del presupuesto, la ACIJ señala que el gasto nacional total aumentaría 5% respecto de 2026 pero se mantendría 26% debajo de 2023, en caso de cumplirse la proyección oficial de IPC. La ONG también advierte que el presupuesto de las universidades seguirá 32% inferior a lo estipulado por la ley de financiamiento de estas casas de estudios. Además, señala el ajuste en discapacidad: por un lado, señala que las prestaciones serán desiguales según la cobertura médica de cada persona y, por otro, se advierte que se elimina la pensión por protección social y se recorta 13,9% el Programa Incluir Salud. Se lamenta la discontinuidad de la Línea 144 para atender a víctimas de violencia de género y del Programa Acompañar, que las ayudaba en la independencia económica respecto de sus parejas violentas. Por último, se alerta que no se calcule cuánto le cuesta al Estado dejar de percibir impuestos y aranceles a la importación por el Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI), que, lejos de la teoría libertaria, escoge a sectores ganadores, en este caso a la energía y la minería sobre todo.

En contraste con el mercado doméstico, el exportador está mejor que nunca, camino al récord. A diferencia del boom de la soja durante el gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007), cuando la irrupción de la demanda china benefició a la Argentina por precios, pero no hubo un salto en las cantidades exportadas, ahora se combina un alza circunstancial de cotizaciones de petróleo y gas por la guerra de Irán con un incremento sostenido de la producción de ambos frutos de Vaca Muerta. Con los dólares que dejaron de salir por la energía y que comenzaron a entrar, la economía argentina debería estar creciendo a altas tasas y la importación de maquinaria e insumos deberían ampliarse. Pero las divisas se van atesoramiento de dólares y viajes al exterior. La inversión cae, y no se le puede echar la culpa al fantasma del regreso del peronismo, sino más bien a la falta de rentabilidad y mercado y a un gobierno que promociona jueces de mala reputación que ponen en duda la seguridad jurídica. Magistrados que apenas ascienden libran a Milei, Caputo y a Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, de causas que pesan sobre ellos.
Pero el presidente confía en que con vencer la inflación los argentinos lo reelegirán. Claro que ahora se enfrenta a la llamada Curva de Phillips: si baja el IPC moderado actual, le sube el desempleo. Para cumplir su promesa de 2023, deberá ser estricto en su política monetaria, a costa del crédito. También en lo fiscal, por lo que seguirá con la motosierra y no podrá reducir los impuestos. Con la excepción de Vaca Muerta, que trae nuevos dólares, el resto de la economía pone en jaque las ilusiones del presupuesto. Pero aun así puede que a Milei le alcance para reelegirse ante un electorado que en buen parte rechaza volver al pasado peronista, aunque crece la angustia sin que nadie la capitalice.
En sus recientes informes, el consultor político Raúl Timerman analizó, por un lado, la figura influyente del sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, que investiga la pobreza, forma a líderes políticos y acaba de llamar a armar una “coalición de argentinos de bien”. Por el otro, preguntó a la gente qué atributos debería reunir el próximo presidente y las respuestas predominantes fueron honestidad, transparencia, empatía e inteligencia. Se buscan candidatos…
AR



