Doscientos ochenta y nueve futbolistas juegan en este Mundial en el seleccionado de un país distinto a aquel en el que nacieron. Algunos de esos casos, como el de los argentinos Nico Paz y Giuliano Simeone, se explican sencillamente: sus padres estaban jugando al fútbol en el exterior cuando los chicos nacieron. Pero no todos tuvieron esa fortuna de un alumbramiento en tiempos benévolos.



