El suicidio, como manifestación de sufrimiento mental con múltiples causas, supera con creces a otras formas de muerte violenta, incluidos homicidios y accidentes de tránsito.

Los datos indican que la presión psicológica derivada de la violencia de género constituye un factor determinante en la decisión de terminar con la propia vida, generando un fenómeno que supera en número a los homicidios tradicionales y a las fatalidades en la vía pública.

Este panorama evidencia la gravedad del problema y la necesidad de abordar de forma integral tanto la prevención de la violencia contra las mujeres como la atención psicológica especializada para quienes la padecen.

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