En 2012, tras abandonar una clase para ir al cine, la autora encontró en el Abasto un refugio que le permitió explorar películas francesas y redefinir su pasión por la actuación.
Durante su último año de secundaria, decidió dejar una materia para asistir a una función, convencida de que seguir su vocación era esencial. Con estudios de interpretación y francés, aspiraba a ingresar al Bafici y, para ello, comenzó a marcar en el catálogo del Abasto todas las obras con título en francés.
Ese hábito la llevó a sumergirse en filmes poco convencionales y de ritmo pausado, contrastando con la agitación típica de la adolescencia. Cuando estuvo a punto de rendirse con el cine francés, la última película que descubrió, Un amour de jeunesse, marcó un punto de inflexión en su trayectoria.



