En 1965, la artista emergente Rosalind Hollinrake y su esposo, el célebre actor Barry Humphries, hallaron dos pequeños lienzos firmados como “C. Beckett” durante una visita a la residencia de un acaudalado amigo en Victoria, Australia.

Mientras recorrían los pueblos del estado, la pareja fue invitada a conocer la colección privada del anfitrión. Entre los objetos expuestos, Rosalind quedó cautivada por la delicadeza y el carácter etéreo de dos pinturas de dimensiones reducidas, ambas marcadas únicamente con la firma “C. Beckett”.

El propietario, ajeno al origen del autor y a la época de las obras, no mostró mayor interés por indagar su procedencia, dejando a los visitantes con la intriga de haber descubierto piezas de un creador desconocido.