
La economía crece, pero el empleo formal se derrumba y los sectores que traccionan la actividad no alcanzan a compensar la crisis del mercado interno. Mientras avanzan el cuentapropismo y la informalidad, los datos de ingresos plantean una paradoja: ¿por qué el deterioro social no se refleja con la misma intensidad en las cifras de pobreza?
La pobreza y la indigencia del semestre enero-junio del 2026 que anunció el INDEC fueron de 32,3% y 7,5% respectivamente, lo cual es un aumento de 4,1 y 1,2 puntos respecto a diciembre de 2025. Cualquier conversación que comience dentro del ecosistema opositor con esa exclamación puede desatar una tempestad de protestas o de incredulidades. Eso se debe a que el aumento parece poco frente a una serie de afirmaciones que repetimos, o escuchamos, quienes nos encontramos en la vereda de enfrente del actual gobierno nacional:
- el grueso de la actividad económica y el empleo de calidad están en una crisis estructural;
- la inflación es más baja que en diciembre 2023, pero no dejó de ser un problema;
- Por 1) y 2) se explica que los ingresos sean la primera preocupación de la sociedad en distintos estudios de opinión pública;
- Los números agregados de PBI expresan que Argentina puede crecer 2 años seguidos con números de inflación más similares a 2015 que a 2019 y 2023. ¿Frente a que estamos entonces?
Desarrollemos esos postulados para poder hacer un cuadro un poco más completo de la situación social, económica y política que se está configurando de aquí hacia la elección presidencial del 2027.
Actividad y empleo
El empleo registrado privado es el síntoma más importante de lo que podemos entender como una crisis, en el sentido más estricto de la palabra. En el siguiente gráfico se ve con claridad cómo se comportó esta variable en los primeros 30 meses de gobierno de las últimas 4 administraciones.
Evolución del empleo registrado asalariado privado por gestión de gobierno.
Algo que tienen en común el segundo mandato de Cristina, el de Macri y el de Alberto Fernandez es la creación de puestos de trabajo formales en el sector privado, al menos al principio, dado que Macri terminó en números netos negativos tras la espiralización de la crisis financiera autoinflingida.
La experiencia libertaria de Javier Milei, por el contrario, está en niveles record sin contar aún los datos desde el mes 30 hasta el final de mandato. Ese proceso viene siendo acompañado con un consecuente incremento tanto de subempleo como de las famosas changas. Es decir, lo que en las estadísticas oficiales se conoce como cuentapropismo y asalariados informales.
Variación mensual del empleo asalariado registrado privado.
Los últimos datos del SIPA publicados no hacen más que confirmarlo. En junio de 2026 el empleo asalariado registrado del sector privado volvió a caer, y ya son trece meses consecutivos de destrucción de puestos de trabajo: la racha negativa más larga de la serie desestacionalizada, que comienza en 2009. Ni la recesión de 2018-2019 ni la pandemia habían encadenado tantos meses seguidos en baja. En ese lapso se perdieron 141.324 empleos privados formales, casi 11.000 por mes, y el nivel actual, de 6,13 millones de asalariados, es el más bajo desde abril de 2022.
Trabajo registrado por modalidad: variación nov-23 – jun-26.
Si se amplía la mirada al conjunto del trabajo registrado, la foto es aún más nítida. Desde noviembre de 2023 se perdieron 246.312 empleos asalariados privados, 87.629 públicos y 20.187 en casas particulares: en total, 354.128 puestos en relación de dependencia. En el mismo período, los trabajadores cuya ocupación principal es el monotributo aumentaron en 169.026. La sustitución es visible pero no alcanza a compensar: aun sumando a los independientes, el trabajo registrado cayó en 184.643 personas. Y lo que se gana no equivale a lo que se pierde. Un empleo con aportes, obra social, aguinaldo, vacaciones pagas y convenio colectivo se reemplaza, en el mejor de los casos, por una categoría en la que el trabajador paga su propia cobertura, no tiene paritarias ni representación sindical, y queda a merced de la facturación de cada mes
Este proceso se correlaciona perfecto con el fenómeno más novedoso de la experiencia de LLA en el gobierno: el divorcio entre creación de empleo y crecimiento de la actividad.
El 2025 fue el primer año donde creció la economía, pero subió la desocupación.
Como se aprecia en el gráfico, el año 2025 fue el primer de la serie desde 1996 en los que el Producto Bruto Interno crece y eso no tiene una correlación con el empleo. Esta anomalia libertaria es consecuencia de un modelo económico que intenta generar una “destrucción creativa” que no termina de iniciar.
Este concepto muy utilizado últimamente por los defensores del modelo actual, implica que los nuevos sectores de la economía con alto valor agregado o elevada competitividad van a derramar y generar riqueza tal que compense los que se destruyen. Sin embargo, esto no se ve en la práctica.
Esto es posible gracias a que los sectores que han crecido de manera constante a lo largo del 2026, 2025 y parte del 2024 (post devaluación y contracción fiscal-monetaria inicial) son solo 4: agroindustria, minería y energía, pesca e intermediación financiera.
Empleo asalariado privado por sector.
Cuando uno mira el mapa sectorial del empleo cae de suyo hasta qué punto ese crecimiento no derrama. De los cuatro sectores que traccionan la actividad, solo el agro (+11.822) y la pesca (+1.300) sumaron asalariados desde noviembre de 2023. La minería y la intermediación financiera, que crecen en producto, pero perdieron 7.676 y 8.513 puestos respectivamente. En la vereda opuesta, industria, construcción y comercio, que explican el 44% del empleo asalariado privado registrado y el 29% del PBI, concentran la sangría. La industria perdió 88.496 puestos y acumula veinte meses consecutivos de caída, hasta su nivel más bajo desde el 03/2021. La construcción perdió 62.700 y el comercio 15.200. Entre los tres suman 166.396 empleos, dos de cada tres de los perdidos en el sector privado.
No se trata de un problema de productividad de algunas empresas: la actividad de esos sectores sigue lejos de sus niveles previos. La construcción cayó 24,5% según el ISAC, con desplomes en el despacho de asfalto (−37,6%), ladrillos (−29,8%) y hormigón (−25,4%), por citar algunos ejemplos. El índice de producción industrial manufacturero retrocedió 9%, con textiles (−33,2%) y maquinaria y equipo (−32,2%) a la cabeza. Las ventas en supermercados mayoristas cayeron 21,8% y en shoppings 7,4% [verificar todo el párrafo]. Son los sectores que más dependen del mercado interno y del poder adquisitivo del salario, precisamente las dos variables que el programa económico decidió comprimir.
La crisis tampoco reconoce fronteras. 22 de las 24 jurisdicciones perdieron empleo privado registrado desde noviembre de 2023. En cantidad, Buenos Aires (−90.103) y la Ciudad de Buenos Aires (−44.955) concentran más de la mitad de la caída, seguidas por Córdoba y Santa Fe, provincias con fuerte presencia industrial y de la construcción. En términos relativos, el golpe es más duro se lo lleva Tierra del Fuego que perdió el 17,9% de sus asalariados privados y Santa Cruz el 16,1%, mientras que La Rioja, Formosa, Misiones, Catamarca y Chaco perdieron más del 10%. Las únicas excepciones son Neuquén (+8,7%) y Río Negro (+3,3%), es decir, la geografía de Vaca Muerta. Es el mismo divorcio entre sectores ganadores y perdedores, ahora trazado sobre el mapa.
Todo esto puede sintetizarse en 2 frases que se popularizaron en las redes en los últimos meses y días, respectivamente: cada 75 minutos cierra una empresa en nuestro suelo y cada 3 minutos un argentino pierde su trabajo.
Los ingresos reales, el ¿síntoma? más raro
Dentro del panorama desarrollado, tenemos que incorporar una descripción más detallada de una variable central para explicar la evolución de la calidad de vida: los ingresos reales. En el cuadro que presentamos aquí debajo podemos ver la progresión de los salarios, distinguiendo entre registrados y no registrados, en relación a la inflación y a la canasta específica que marca el umbral de la línea de pobreza.
Fuente: elaboración de Generación para el Desarrollo en base a INDEC.
Como podemos observar, en los primeros 6 meses del año 2026, ha habido inflación acumulada, según el Indice de Precios al Consumidor del INDEC, de 16,9%. Dicho avance es casi idéntico al de la Canasta Básica Total, que ha crecido en su valor un 17%. En ese contexto general, el salario se ha desplazado nominalmente un 18,3% hacia arriba, lo cual nos deja frente a un escenario paradójico. Los sectores empleo-intensivos de la economía caen, consecuentemente las empresas cierran y los puestos de trabajo formales se destruyen a ritmos nunca vistos (privados por el mencionado ritmo de clausuras y públicos por el ajuste del gasto al que obliga la meta fiscal en contexto de caída recaudatoria). Así y todo, las remuneraciones laborales aumentan sobre la inflación. Poco común.
Si hacemos el ejercicio de bucear hacia adentro del dato de salarios, podremos apreciar que los que en lenguaje coloquial son conocidos como “en blanco” corren de atrás a los precios; su crecimiento del 15,4% indica una pérdida de poder adquisitivo. Ese comportamiento va completamente a contrarreloj de lo que algunos comentaristas han popularizado como el sub-mundo “barrani” de la masa salarial, dado que estos ingresos han aumentado un 29,3% en la misma cantidad de meses del 2026. Es decir, casi el doble.
Evolución real de los salarios no registrados.
Sin embargo, ocurre un problema con la medición de los salarios no registrados. Cuando uno ve la evolución intermensual de este tipo de ingresos, en una economía en recesión y con una gran destrucción de puestos de trabajo, parece difícil que ocurran esos aumentos.
A fines del 2023 se realizó un cambio en el cuestionario de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que buscaba captar mejor los ingresos no laborales de las personas. Sin embargo, esto generó que problemas con la serie como señala el panorama semanal del 1° de abril de 2026 de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia:
“A fines de 2023, la EPH actualizó su cuestionario individual, buscando mejorar su captación de ingresos no laborales y programas sociales. Previo a este cambio metodológico, el relevamiento incluía únicamente dos preguntas en este punto: i) monto de ingresos por jubilaciones y pensiones y ii) monto percibido por subsidios o ayudas sociales en dinero provenientes del gobierno, iglesias u otras fuentes. Desde 2024, la pregunta sobre jubilaciones se desagrega en nueve subpreguntas, distinguiendo, por ejemplo, entre jubilaciones contributivas, por moratoria y otras pensiones no contributivas (como la de madre de siete hijos). En paralelo, la pregunta sobre subsidios se amplía a tres ítems, incorporando explícitamente la percepción de AUH, AUE y Tarjeta Alimentar, otros programas sociales y ayudas provenientes de entidades no gubernamentales. Esta mayor desagregación podría estar contribuyendo a una mejor captación de los ingresos de jubilados y beneficiarios de programas sociales. Las series históricas, entonces, no son estrictamente comparables entre sí.”
Es dable mencionar, de cualquier manera, que los ingresos por programas sociales como la Asignación Universal por Hijo crecieron fuertemente durante este período de gobierno. No obstante, analizar este indicador del INDEC como una variable central genera problemas.
Pobreza e indigencia: ¿qué ocurre?
Recapitulando, la etapa que estamos viviendo del programa económico implica la coexistencia de fenómenos que hasta aquí no veíamos. Entre ellas se encuentran:
- Crecimiento de la actividad anclado en un brutal salto del exportador (aumento en cantidades y precios internacionales), no así del consumo masivo ni la inversión;
- Divorcio consecuente entre el mercado interno y el sector externo, con destrucción neta de empresas (más de 30 mil desde que asumió esta gestión nacional);
- Reemplazo de los puestos de trabajo formales, con protección social y representación sindical, por asalariados sin garantías y cuentapropismo;
- Caída del ingreso real de los sectores con derechos y suba abrupta en los que no.
Si uno piensa que la secuencia actual del proceso económico es la destrucción de empresas, la mutación sociológica del trabajador va en dirección hacia la desprotección y los empleos formales pierden en la carrera de precios y salarios, el reflejo más rápido es suponer que la pobreza y la indigencia suben. Esto último adquiere más validez si se toma por cierto el consenso de los consultores de opinión pública sobre el acentuado deterioro en la imagen del Presidente y de la gestión. El asunto es que la magnitud de la suba puede no ser la que se esperaba en ciertos segmentos de la opinión pública, es decir quedarse corta.
Sin embargo, los procesos de alta inflación, cambios estructurales y variación abrupta en los distintos sectores generan problemas estadísticos en las series, cuando se las analiza sin una revisión posterior. Es por ello, que el dato de salarios informales acumulados entre enero y junio 2026 puede generar confusiones y preanunciar otros resultados a futuro.
* Delgado es Lic. en Sociología. Integrante de Generación para el Desarrollo
** Battista es Lic. en Economía. Director del ICiudad.



