
Los primos Menem buscan estirar los acuerdos con los gobernadores hasta el año próximo, pero Caputo advierte que la incertidumbre política puede perjudicar a la economía. Bullrich hace su propio juego en una instancia donde las diferencias quedan fuera de los comunicados oficiales.
La Casa Rosada insiste en mostrar a su mesa política como una instancia de coordinación, pero las diferencias sobre 2027 empiezan a poner a prueba esa imagen de unidad. Las reuniones de cada martes terminan siempre con un comunicado que intenta transmitir una armonía bastante más difícil de encontrar puertas adentro. Lo que nunca aparece en las gacetillas son las discusiones reales que atraviesan al núcleo de poder libertario, donde los funcionarios encargados de delinear la estrategia oficial también compiten por imponer sus propias prioridades.
A medida que se acerca el año electoral, esas tensiones empiezan a concentrarse en una discusión que incomoda especialmente al equipo económico: cuánto tiempo puede Javier Milei darse el lujo de mantener abiertas las negociaciones con los gobernadores sin que la incertidumbre política termine pasando factura.
La última reunión, celebrada después de una semana de interrupción, volvió a ofrecer una postal de esa doble realidad. El comunicado oficial estuvo dedicado a los proyectos que el Gobierno pretende impulsar en el Congreso y a los preparativos para la visita del papa León XIV, ahora en duda tras su intervención quirúrgica. Pero detrás de esa agenda de gestión conviven estrategias que no siempre apuntan en la misma dirección.
Una de las primeras reuniones de mesa política posteriores a la salida de Manuel Adorni.
Martín y Eduardo “Lule” Menem quieren manejar los tiempos de las negociaciones provinciales, mientras Patricia Bullrich busca preservar su autonomía dentro del oficialismo. Luis Caputo, por su parte, observa con preocupación lo que cree que son las consecuencias económicas de una puja política que podría prolongarse hasta el año electoral.
Los primos son partidarios de no apurarse. El presidente de la Cámara de Diputados y el subsecretario de Gestión Institucional intentan convencer a los demás integrantes de la mesa de que las conversaciones con los gobernadores pueden continuar hasta bien entrado 2027 sin provocar mayores inconvenientes. Su razonamiento es esencialmente político: cerrar acuerdos demasiado pronto supone resignar capacidad de negociación, mientras que mantener abiertas las conversaciones permite administrar las demandas provinciales y conservar margen para el armado electoral de La Libertad Avanza.
Patricia Bullrich junto a Martín Menem y Diego Santilli el día de la sanción del Presupuesto 2026.
La estrategia tiene, además, una dimensión interna. Martín y Lule Menem son dos de los principales operadores de Karina Milei y ocupan un lugar privilegiado en el dispositivo de construcción territorial del oficialismo. Desde esa posición, buscan conservar el control del ida y vuelta con con los gobernadores y evitar que las definiciones electorales se adelanten a los tiempos que consideran convenientes. El problema es que los calendarios de la política partidaria no necesariamente coinciden con las necesidades del resto del Gobierno.
¿Y qué papel juega Santiago Caputo en todo esto? El asesor presidencial, que supo concentrar buena parte de las decisiones estratégicas del oficialismo, se fue retirando de la intervención directa en el armado político y hoy mantiene un perfil más alejado de las negociaciones territoriales. Eso no significa, sin embargo, que se haya vuelto indiferente a lo que ocurre en la mesa. Su enfrentamiento con los primos Menem lo ubica inevitablemente en la vereda de enfrente, aunque ya no dispute con ellos cada movimiento del tablero.
Otros tiempos: Santiago Caputo afiliándose a La Libertad Avanza en febrero de 2025. En la foto, junto a los Milei, Pilar Ramírez y Eduardo "Lule" Menem.
Toto inquieto
Luis “Toto” Caputo no comparte la tranquilidad del ala política. El ministro de Economía considera que prolongar las indefiniciones políticas tiene un costo que la Casa Rosada no debería subestimar. En su mirada, la falta de certezas sobre los acuerdos de cara a 2027 no son cuestiones que puedan quedar encerradas en las oficinas de los armadores libertarios: también condicionan las expectativas de los inversores y la confianza de los mercados.
Caputo no estuvo sentado a la mesa el martes pasado. El ministro se encontraba en Tailandia, donde mantuvo una reunión con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, para avanzar con la tercera revisión del acuerdo. Desde allí celebró los elogios de la titular del organismo a la disciplina fiscal argentina, aunque el encuentro coincidió con una revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento del FMI.
Luis Caputo y la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, en Tailandia.
Su ausencia se produjo, además, después de varios días de rumores sobre tensiones dentro del equipo económico que obligaron al propio Milei a salir a respaldarlo públicamente. El Presidente definió su relación con Caputo como “simbiótica” y rechazó las versiones de diferencias internas.
“Es una pelotudez del tamaño de una casa”, respondió Milei durante una entrevista con Radio Mitre, al ser consultado sobre una eventual salida del ministro de Economía. Y continuó: “Lo que tratan de hacer es limarlo cuando se tiene que sentar a negociar con la directora gerente del FMI. Es una canallada, es traición a la patria”. También buscó dejar en claro quién conduce el programa económico: “Nadie cuestiona a Caputo porque es mi política”, afirmó, y aseguró que ambos mantienen una visión “perfectamente alineada” sobre el rumbo de la gestión.
Javier Milei y su ministro de Economía, Luis Caputo.
Pato al acecho
Quien no está dispuesta a convertirse en una espectadora de las decisiones ajenas es Patricia Bullrich. La senadora participa de la mesa política, pero conserva una agenda propia y busca hacer valer su peso en el Congreso. Su trayectoria y sus vínculos políticos le permiten intervenir en las negociaciones desde una posición que no depende exclusivamente del armado territorial que administra el entorno de Karina Milei. Y hay un asunto particularmente sensible sobre el que algunos sectores del Gobierno empiezan a mirarla con desconfianza: la eliminación de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO).
La sospecha que circula por lo bajo en el oficialismo es que Bullrich no tendría demasiado interés en que prospere una reforma que podría cerrarle una puerta para 2027. Hay quienes dicen que la senadora no descarta una eventual candidatura presidencial y la continuidad de las primarias le permitiría, llegado el caso, disputar ese lugar dentro del propio espacio libertario. La posibilidad de que facilite acuerdos para frenar la reforma, sin exponerse personalmente en una votación adversa a Milei, alimenta las suspicacias de sus compañeros de mesa.
Patricia Bullrich en el recinto del Senado.
Las especulaciones sobre su futuro político tampoco se limitan a los despachos libertarios. Según reveló María Cafferata en elDiarioAR, Bullrich mantuvo recientemente una reunión de más de dos horas con un importante dirigente del peronismo que intentó convencerla de romper con Milei y lanzarse a la carrera presidencial. No fue el primero en acercarle esa propuesta: empresarios y gobernadores vienen insistiendo con la misma idea. Para algunos sectores del peronismo, una candidatura propia de Bullrich podría contribuir a dividir el espacio electoral que hoy acompaña al Presidente.
La exministra evita confrontar abiertamente con Milei, con quien mantuvo una reunión de más de dos horas en Olivos el pasado 9 de octubre para acercar posiciones después de varios cortocircuitos. Es una situación que coloca a Karina Milei en el centro de una disputa que excede las diferencias personales. La secretaria general de la Presidencia conserva la última palabra en buena parte de las decisiones partidarias y tiene en los Menem a dos de sus principales interlocutores. Pero la necesidad de articular la agenda legislativa con Bullrich y las negociaciones políticas del jefe de Gabinete Diego Santilli obliga a encontrar un equilibrio entre actores que no siempre tienen los mismos intereses.
PL/MG



