Cada 25 de agosto se celebra el Día del Peluquero, una fecha para reconocer a quienes ejercen un oficio que forma parte de la vida cotidiana y que, en muchos casos, construye vínculos que duran décadas.
En Olavarría, las peluquerías son también espacios de encuentro, conversación y confianza. En el marco de esta fecha, Canal Uno Olavarría visitó dos reconocidos espacios de la ciudad para conocer sus historias: Pancho Junior y Mary García.
Dos recorridos diferentes, pero unidos por la familia, el trabajo y el amor por una profesión que continúa pasando de generación en generación.
✂️ Pancho Junior: 33 años de oficio y una tradición familiar
La historia de Miguel Ángel González con la peluquería comenzó desde muy chico, siguiendo los pasos de su padre, Pancho, de quien nació el nombre Pancho Junior.
Miguel comenzó formalmente en 1993 y ya lleva 33 años ejerciendo la profesión. Sus primeros recuerdos están ligados a su padre y a aquellas primeras experiencias en las que incluso concurría al hospital para cortar el pelo a bebés recién nacidos.
Muchos de aquellos chicos hoy son adultos y algunos regresaron a la peluquería acompañados por sus propios hijos.
“Hoy esos chicos me traen los hijos de ellos.”
Para Miguel, esa posibilidad de acompañar generaciones es una de las particularidades de este oficio, al que asegura dedicarse con pasión:
“Es un oficio que a mí me encanta, lo hago con mucho amor.”
En todos estos años también atravesó cambios en las tendencias y en la manera de trabajar. Hoy las redes sociales y los celulares tienen una fuerte influencia y los clientes llegan muchas veces con fotografías de los cortes que quieren.
Pero hay una enseñanza de su padre que Miguel mantiene intacta:
“Vos tenés que cortar a gusto del cliente, no a gusto tuyo.”
Actualmente continúa trabajando junto a su hermano y la tradición familiar ya tiene una nueva generación que comienza a dar sus primeros pasos en el oficio.
🎥 Mirá la entrevista completa con Miguel Ángel González
✂️ Mary García: familia, trayectoria y una peluquería que ya es parte de la ciudad
La historia de Mary García comenzó en los años 70, cuando Mari García, madre de Andrea y Pablo, inició su actividad en Mar del Plata.
Luego llegó a Olavarría y sus hijos terminaron incorporándose al oficio familiar. Pablo comenzó a fines de los 80 y, en 1995, junto a Andrea inauguraron el actual salón de Colón y Laprida.
Entre ambos acumulan varias décadas de profesión y continúan trabajando juntos.
“La peluquería para nosotros siempre estuvo dentro de la familia.”
La relación entre hermanos y compañeros de trabajo fue fundamental para sostener el proyecto. Andrea destaca precisamente ese vínculo:
Siempre fuimos muy compañeros en la cuestión de trabajo.”
Durante estos años también atravesaron momentos difíciles. La pandemia fue uno de los mayores desafíos para el salón y obligó a modificar la forma de trabajar, incorporando una atención más personalizada y nuevos sistemas de turnos.
Pero también les permitió fortalecer el equipo y valorar todavía más todo lo que existe detrás de una peluquería.
“Somos muchos los que vivimos de esto.”
El nombre Mary García también se convirtió en una parte importante de la identidad del salón y del reconocimiento que construyeron en Olavarría. Con el crecimiento de las redes sociales, además, comenzaron a recibir clientes de distintas localidades de la región.
Para Pablo, la profesión tiene también un fuerte componente humano y colectivo:
“Realmente es una comunidad hermosa.”
🎥 Mirá la entrevista completa con Andrea y Pablo
💈 Un oficio que forma parte de la comunidad
Las historias de Pancho Junior y Mary García reflejan dos recorridos diferentes, pero con un mismo denominador: la peluquería no se trata solamente de un corte de pelo.
Es un oficio basado en la confianza, en el contacto permanente con las personas y en vínculos que muchas veces se construyen durante años.
En este Día del Peluquero, Canal Uno Olavarría saluda a todos los peluqueros y peluqueras de Olavarría y la región, reconociendo su trabajo y el lugar que ocupan dentro de nuestra comunidad.
Porque muchas veces, detrás de una silla y frente a un espejo, también hay una historia para contar.



