Las jornadas más breves provocaron una caída en el consumo, afectando a supermercados, comercios, alojamientos y la financiación de los hogares.
El reducido tiempo de permanencia de los consumidores generó un descenso notable en la circulación de dinero, repercutiendo negativamente en los establecimientos de alimentos y bienes de consumo.
Asimismo, el sector de la hostelería y los servicios de crédito experimentaron una merma en la demanda, reflejando el impacto económico de los fines de semana más cortos.



