El adiós a Enrique “Quique” Angeleri

Muchos recuerdan su risa de niño, otros evocan la pasión con que impartía sus clases, y la mayoría coincide en definirlo como “uno de los mejores profesores de la carrera”. Una publicación institucional en Facebook recuerda a Enrique “Quique” Angeleri, docente del Taller II de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) que murió el 4 de enero a los 66 años, e invita a los miembros de la comunidad educativa a dejar un homenaje en los comentarios. Mariano, quien atendía el kiosco del segundo piso en FSOC, recuerda: “Siempre venía con una sonrisa a tomar su cafecito y pedía otro para Coco Pinola (colega). Muy amable y siempre dispuesto a las charlas amenas y con buen humor, yo desde mi lugar veía muy bien qué profesores eran queridos por cómo lo saludaban los estudiantes y él era uno de ellos”.

Como muchos en el mundo del cine, Angeleri adoptó varios roles a lo largo de su trayectoria: fue cameraman y productor, pero esencialmente se lo conoce por su desempeño como asistente de edición y montajista en películas creadas por directores de la talla de Leonardo Favio, Fernando “Pino” Solanas, Eduardo Mignogna, Tristán Bauer o Alberto Lecchi. Se formó como realizador en el Taller Experimental Cinematográfico y llevaba años al frente de la cátedra del Taller II de Expresión Audiovisual en la UBA. Su muerte dejó un gran vacío en el campo cinematográfico y en cada uno de los espacios donde supo transmitir sus conocimientos, con la vocación intacta.

Angeleri trabajó en el montaje de producciones como Luna Caliente (Roberto Denis, 1985), Tangos, el exilio de Gardel (Fernando Solanas, 1985), Gombrowicz, o la seducción (Alberto Fischerman, 1986) o el corto Suco de sábado (1989, Ana Poliak). Tras una década ausente, Mario David regresó al cine con La revelación (1996) y Angeleri se hizo cargo del montaje. Años después trabajaría junto a la hija del realizador, Gabriela David, quien terminaría convirtiéndose en su esposa y madre de su hija, Mariel. Taxi, un encuentro y La mosca en la ceniza fueron las otras grandes producciones de la pareja, que merecieron el premio Fipresci en el Festival de Kerala y otros reconocimientos en Toulouse, Viña del Mar y el Festival de Huelva.

El montajista se dedicó con pasión a la docencia en diversas casas de estudio. También fue miembro de la Sociedad Argentina de Editores Audiovisuales y jurado en el Festival de Mar del Plata. Una de las características de quienes elegían su cátedra para transitar la materia dedicada a la práctica audiovisual era la posibilidad de ver sus cortos proyectados en la gran pantalla del Gaumont al final de la cursada. En la última muestra anual Angeleri no pudo estar presente como era su tradición, pero escribió estas palabras: “Uno de mis objetivos a lograr con estas muestras fue siempre que los trabajos audiovisuales que con tanto esfuerzo llevan a cabo les alumnes, sean apreciados en un espacio con todas las características y cualidades que merece ser vista una peli: una sala de cine”.

Esas líneas revelan no sólo su amor por el séptimo arte sino también por las generaciones de estudiantes que pasaron por sus aulas y hoy ya forman parte de su legado.

Un tipo inolvidable que no se guardó nada*

Todo lo que se diga sobre una persona que deja un legado y una marca tan grande en quienes lo conocimos es poco e injusto. Dicho esto, creo que Quique fue el docente más apasionado que alguna vez pisó un aula. Eso siempre lo tuve claro. Lo he visto poner el cuerpo e ir a dar clase en sus momentos más difíciles, pero siempre dándolo todo. Su nivel de detallismo, las devoluciones “al fotograma”, siempre con la idea de ayudar a les estudiantes a que llegaran al mejor trabajo posible como norte. Si a esto le sumamos su carisma, su generosidad y su buen humor no es de extrañar que las redes sociales de la carrera que tanto amó y de quienes fuimos sus compañeros de cátedra exploten de mensajes de reconocimiento y agradecimiento de alumnes que han pasado por sus comisiones en los últimos 32 años. Se fue un tipo inolvidable que no se guardó nada.

*Jorge "Coco" Pinola, docente de la cátedra Angeleri en FSOC.

Artículo original de www.pagina12.com.ar

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