Vanessa Velásquez hacía gimnasia dentro de su casa en el barrio céntrico caraqueño de Caño Amarillo, cuando a las 18:04 horas del miércoles su celular lanzó una alerta desconocida: “miré y decía ´alerta de sismo´. Yo me dije: ´¿será que se desconfiguró?´. Lo desbloqueé y se abrió una pantalla de Google que decía ´Mantente alerta´ Sismo de magnitud estimada 6,2´. A los tres segundos comenzó a temblar muy fuerte, yo estaba en el segundo piso de la casa y corrimos con mi esposo hacia las escaleras, pero era imposible bajar por las sacudidas, nos quedamos petrificados en el pasillo angosto de las escaleras, sostenidos de las paredes con los brazos en cruz para no caernos. Mientras, le gritaba a mi mamá que estaba abajo ´¡resguárdate! ¡resguárdate!´. Fueron como 30 segundos de terremoto y comenzó a bajar la frecuencia; entonces me dije ´ya está pasando´. Pero a los pocos segundos volvió, un poco más fuerte. El primero duro como 30 segundos y el siguiente bastante más de un minuto, se hacía eterno; yo tengo flashbacks; cuando cesó el movimiento, bajamos con mi marido y salimos a la calle. Una vez allí, hubo otro movimiento 5 minutos después –mucho más suave– y varias réplicas. En nuestro barrio no hubo daños materiales pero sí casas fracturadas. Nosotros tenemos tres gatos: uno se ocultó en algún lugar y apareció a las 3 a.m.; el otro se refugió en mi cuarto y el tercero sigue sin aparecer”.