El consumo de carne vacuna en Argentina cayó a 47,5 kilos por habitante al año, el registro más bajo de los últimos 20 años, en un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo de los hogares y un fuerte encarecimiento relativo de los cortes bovinos frente a otras proteínas. Mientras tanto, el pollo y el cerdo siguen ganando espacio en la mesa de los argentinos.