En pleno festival de gastos, tres meses antes de convertirse en jefe de gabinete, Manuel Adorni se tentó con un monitor Samsung Smart de alta gama que tenía incorporada una consola Xbox. Corría agosto de 2025 y la refacción a nuevo de Indio Cuá, por la que pagó cash 245 mil dólares, ya estaba terminada, con su playroom listo para usar. Se gastó unos $2.184.999,05 en el nuevo chiche. Al momento de la compra lo habrá asaltado algún incoveniente de liquidez, dado que debió recurrir a una tarjeta de crédito que no era suya pero que, por alguna razón, tenía incorporada a su cuenta de Mercado Pago. Pasó mucha agua bajo el puente desde entonces y la dueña de la tarjeta en cuestión, una funcionaria de la Vocería Presidencial, declaró este lunes en los tribunales de Comodoro Py, ya con Adorni fuera del gobierno. Su nombre es Laura Schiuma y relató que quien por entonces era su jefe le devolvió más tarde esa misma suma de dinero toda en efectivo, lo que no hace más que confirmar el último de los ribetes del caso: que Adorni utilizaba a sus subordinados y apelaba a tarjetas ajenas para esconder gastos. Ese mismo modus operandi utilizó para la compra de las sábanas de lujo, que hizo facturar a nombre de Gisela Kocsis, su secretaria privada. Ese comprobante, por $8 millones, se halló en el celular del contratista Matías Tabar, a cargo de la obra en el country, cuyo contenido le sigue dando dolores de cabeza: de allí se filtró, también este lunes, que el exvocero, en su intento por controlar lo que fuera a declarar, llegó a ofrecerle “soporte, como les di a todos”, en alusión al resto de los testigos que fueron desfilando por la causa durante las semanas más álgidas de tormento judicial.