La decisión del Banco Central de habilitar créditos en dólares para empresas que no generan divisas de manera directa difícilmente produzca un salto significativo en el volumen de préstamos, según coinciden distintos economistas consultados por este diario. Sin embargo, la medida tiene implicancias que van más allá de su impacto inmediato sobre el financiamiento: flexibiliza una regulación creada tras la crisis de 2001 para evitar “descalces” entre activos y pasivos bancarios en distintas monedas, uno de los factores que históricamente amplificó las crisis financieras argentinas. En un país atravesado por recurrentes episodios de devaluación, se vuelven a instalar interrogantes sobre la estabilidad futura del sistema.