El fútbol nunca fue solamente fútbol. Quien crea que se trata apenas de veintidós jugadores corriendo detrás de una pelota no entendió mucho. Las tribunas transforman la guerra en rito, la rivalidad en pertenencia y el antagonismo en representación. Algo del antiguo circo romano, de las disputas tribales y de la necesidad humana de simbolizar el conflicto sigue latiendo en cada estadio.


