Mientras millones de chicos y chicas se entrenan con la ilusión de convertirse en el próximo Messi o la próxima campeona olímpica, los especialistas advierten sobre un sistema atravesado por la hiperexigencia, la presión familiar y la lógica despiadada del rendimiento permanente. El deporte, que debería ser un espacio de crecimiento y goce, muchas veces se transforma en una maquinaria de ansiedad, frustración y soledad.