Tras la derrota frente a Huracán, los seguidores de Barras de San Lorenzo aparecieron en el vestuario del equipo, intensificando la atmósfera de tensión y el descontento entre los aficionados.
La presencia del grupo se dio en un momento de gran presión deportiva, cuando la frustración de la afición por el desempeño del plantel alcanzaba niveles críticos. Los hinchas manifestaron su enojo y exigieron cambios inmediatos.
Esta intervención se sumó al clima de controversia que rodea al club, generando un debate sobre la relación entre los jugadores, la directiva y los seguidores más radicales.



