El Ruso tenía nombre y apellido: Vladimir Petraukas. Lo escuchábamos cada vez que las maestras pasaban lista. Pero lo olvidábamos rápido. Vladimir nos sonaba desconocido ante los más comunes Jorge, Carlos, Miguel, Fernando, y Petraukas era difícil de escribir y un trabalenguas al pronunciarlo. Preferíamos el Ruso, fácil, limpio, cortito, usado por el resto del pueblo.



