El Gobierno disolvió el Instituto Nacional de Alimentos y transfirió sus responsabilidades al Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria (Senasa).
El INAL, organismo adscrito a la ANMAT, tenía la misión de controlar que los productos alimenticios comercializados cumplieran con el Código Alimentario Argentino.
Con la medida, todas esas tareas de inspección y certificación quedaron bajo la órbita del Senasa, que ahora será el ente encargado de garantizar la inocuidad y la normativa de los alimentos en el territorio nacional.
Esta reestructuración busca simplificar los procesos de control y reforzar la capacidad del Senasa para supervisar la cadena productiva de alimentos.

