El deterioro de los organismos estatales está dejando a los estudiantes sin los recursos y el apoyo necesarios, provocando una sensación de abandono en la educación pública.

La pérdida gradual de los servicios y garantías ofrecidos por el Estado está minando la seguridad material y simbólica que brinda a los jóvenes, impidiendo que sientan pertenencia y respaldo en su entorno educativo.

Esta carencia de cuidados y continuidad afecta directamente a las nuevas generaciones, que ven reducidas sus oportunidades de desarrollo y su sentido de integración dentro de la comunidad escolar.