Emiliano Tavernini: “Un poeta que escribió en versos la historia popular siempre es una promesa”

Emiliano Tavernini es profesor en Letras y becario de Conicet con lugar de trabajo en el Instituto de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS) de la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente forma parte del equipo editorial –junto a los poetas Juan Aiub y Ramón Oscar Inama, y la cineasta Clara Becerra– de la novedosa colección Versos Aparecidos, creada con el propósito de investigar y recuperar la literatura producida por la militancia perseguida, desaparecida o asesinada en la provincia de Buenos Aires durante la última dictadura y el período previo. Lo notable de este proyecto es que a diferencia de otras importantes experiencias de reparación en términos de literatura argentina es que esta colección –afirma Tavernini– “no prioriza el registro documental, no hay fotografías de los papeles manuscritos o mecanografiados, no hay una galería de retratos de los poetas, ni estudios académicos sobre los escritos o prólogos que apelen a legitimar al poeta o emocionar al lector. No. Lo que buscamos es que la propia poesía haga presente la figura de los compañeros, que los muestre con sus dudas, sus vacilaciones, sus broncas y amores. Partimos de la base de que el mejor homenaje que podemos hacerles consiste en leerlos como poetas”.

–¿Cuál es el origen de la colección?

–Todo empieza con la creación de la editorial MeVeJu en 2013, cuando Kibo Carlotto era Secretario de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires. Durante la gestión de María Eugenia Vidal el sello quedó sin funcionamiento. A la editorial la reflotó el actual Subsecretario de Derechos Humanos, Matías Moreno, quien tomó la decisión política de relanzarla con Pablo Roesler como director editorial. En ese marco nació esta colección que es un eslabón más de las políticas de memoria impulsadas por el organismo en varios frentes: las querellas en los juicios por crímenes de Lesa Humanidad, la preservación de los sitios de memoria, la formación en Derechos Humanos, por mencionar algunas de sus actividades. A mí me convocaron porque escribí una tesis sobre la recordada colección “Los Detectives Salvajes” de Libros de la Talita Dorada.

–Que sería el antecedente inmediato a Versos Aparecidos.

–Exacto. Esa colección, dirigida por Julián Axat y Juan Aiub entre 2007 y 2015, fue el precedente y la influencia inmediata de nuestro actual trabajo. La particularidad de aquel proyecto consistía en que se proponía editar a poetas desaparecidos o asesinados como consecuencia del terrorismo de Estado, pero también a poetas hijos biológicos o simbólicos de la generación de los 60-70, en un intento por promover nuevos diálogos intergeneracionales. De hecho el nombre de nuestra colección intenta establecer una continuidad poética con ese proyecto, dado que el libro Versos aparecidos de Carlos Aiub fue el primer trabajo publicado por “Los Detectives Salvajes” y es la primera reedición y primer tomo de nuestra colección. También tuvimos muy en cuenta la colección creada por la Conabip bajo el nombre de Memoria en Movimiento.

-¿Cuáles son los ejes que se propusieron para la colección?

–Lo primero que hicimos fue elaborar un listado de poetas detenidos desaparecidos nacidos en la provincia de Buenos Aires o que vivieron durante un periodo significativo de sus vidas en alguna de sus localidades. Para ese rastreo fueron fundamentales los escritos poéticos que a lo largo de los últimos 40 años fueron apareciendo en diversos formatos: antologías (como la que publicó en 2005 la Sociedad Argentina de Escritores), revistas, discos, colecciones de poesía o los recordatorios de Página/12, iniciativas que por lo general quedaban circunscriptas al campo de los Derechos Humanos. A partir de los datos reunidos dividimos a los poetas en dos categorías básicas, estaban aquellos que habían llegado a publicar libros antes de su secuestro y eran actores destacados de la cultura argentina previa a 1976, como Alicia Eguren o Jorge Money, y aquellos casos en los que la escritura poética era una inquietud personal, íntima, que se desarrollaba en el vértigo de la militancia política. En ocasiones esos escritos eran compartidos con amigos o compañeros y por eso se conservaron, mientras que en otros casos eran un soporte de la intimidad fundamental que contribuía a la propia configuración identitaria y que sobrevivieron por azar a la destrucción y al saqueo de los grupos de tareas, tal como ocurrió con los escritos de Mabel Carranza o Luisa Marta Córica. La prioridad siempre es dar a conocer material inédito, pero con los poetas del primer grupo contemplamos la posibilidad de reeditar libros que quedaron prácticamente olvidados y que forman parte del circuito de mercantilización de la figura del detenido desaparecido, dado que los anticuarios piden una fortuna por los pocos ejemplares que aún se conservan. A este panorama había que sumar distintas iniciativas que ya habían recuperado voces dentro de proyectos editoriales más amplios, como la colección Todos Bailan de Libros de Tierra Firme, iniciativas que se multiplicaron en el marco del nuevo régimen de memoria respecto al pasado dictatorial que inauguró la institucionalización de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia bajo el gobierno de Néstor Kirchner: las ediciones impulsadas por las universidades públicas, por sitios de memoria, centros culturales, etc. Varios de estos emprendimientos quedaron por lo general reducidos a una circulación muy localizada que se proponía en primer lugar homenajear y recordar a los militantes.

–Más allá de la tarea de investigación y recopilación, un proyecto como este supone establecer vínculos con los familiares ¿cómo fue esa tarea?

–Así es. Contactar a los familiares, establecer con ellos un vínculo afectivo y de contención para invitarlos a compartir materiales inéditos, fue parte de la segunda etapa de este proyecto. Este momento suele ser en ocasiones muy revelador y doloroso, algunos guardianes de la memoria suelen dilatar la apertura del archivo y librar su acceso. En base a lo que la familia decide entregarnos (que no siempre es la totalidad del material, por lo general siempre queda un resto que propicia diálogos superpersonales con esas ausencias tan queridas) comienza el proceso de discusión interna entre los editores acerca del tratamiento que se le va a dar a los escritos. Es importante señalar que nuestra recuperación es posible porque hubo recuperaciones previas, en primer lugar de familiares y compañeros que escondieron y conservaron los escritos, aun cuando consideraban que no tenían valor literario.

–En el listado de los libros que van a salir este año se observan títulos inéditos y libros que ya habían sido previamente editados ¿Cómo trabajaron en ambos casos?

–Sí, en estos primeros doce volúmenes hay cuatro libros inéditos y los ocho títulos restantes son reediciones en las que hemos corregido erratas, algunas como consecuencia de lecturas equivocadas que pudieron haber hecho previamente los editores de las libretas o papeles. En ocasiones, cuando investigamos a un autor y recopilamos la mayor cantidad posible de material poético de su autoría, ocurre que descubrimos variaciones respecto de los poemas publicados en las ediciones de homenaje, dado que a lo mejor la familia se basó en un borrador sin datación que funcionó como material pretextual. Así ocurrió por ejemplo con la reedición de Banderas reunidas del poeta berissense Imar Miguel Lamonega, que había sido publicado por EDULP en 2010. En 2016 estuve rastreando lo publicado por Lamonega en la Biblioteca Nacional de Cuba y encontré las versiones finales de algunos poemas publicados por el poeta durante su exilio en la isla entre 1970 y 1974 en distintas revistas culturales, algunas de ignotas localidades. Además, incluimos las versiones de algunos poemas que el autor ya había publicado dentro de la antología 16 poetas inéditos (1965) de la Cooperativa Editorial Hoy en la Cultura, publicación que hasta el año pasado su familia desconocía. Un caso interesante es el de Lamonega, siendo un poeta reconocido en Cuba decidió retornar a la Argentina para seguir trabajando en la planta de YPF de la que había sido despedido durante la dictadura de Onganía.

–Una de las cuestiones conflictivas que surgen durante este tipo de trabajo es el mayor o menor equilibrio entre el valor testimonial de los textos y el valor estrictamente literario. ¿Cómo se dirime esa cuestión?

–Partimos de la base de que todo documento literario es de por sí un testimonio de su época filtrado por la subjetividad, las experiencias y las técnicas que logra desarrollar el poeta. Los dos ejes son constitutivos del proyecto, por un lado reivindicamos el valor reparativo de la edición de cada libro para los familiares, compañeros de militancia, vecinos, la sociedad en general y por otro intentamos darle un tratamiento, en particular a lo inédito, que alcance determinado valor estético. Lo cual no quiere decir que este doble anclaje no sea conflictivo. En algunos casos, una vez que conseguimos el material para sentarnos a trabajar quedamos perplejos ante la lectura de los escritos. Todos partimos de una formación o de inclinaciones no cristalizadas que estructuran e inciden en el horizonte de expectativas con el que nos enfrentamos a cada obra. Nos ocurrió con el libro inédito de Delfor Santos Soto, poeta de La Matanza. En él predomina una apropiación popular del neomodernismo latinoamericano y del melodrama que en un principio nos desconcertó, hasta que poco a poco su voz nos fue llevando, prestamos atención a su universo referencial y ahí recién pudimos delimitar el escrito entre 1953 y 1956. Recuerdo que esa mañana nos pusimos a escuchar con Ramón Oscar Inama orquestas de jazz de la década mencionada en el libro y se nos abrió el universo Delfor. Es de destacar que no intentamos nunca jerarquizar a los poetas, más allá de que hayan alcanzado el reconocimiento en vida, nos parece más importante ir alimentando esa muestra tan heterogénea que es la colección porque enfrenta críticamente las acusaciones frecuentes de monoglosia o saturación, que se adjudican de manera ligera a las políticas públicas de memoria. El catálogo reúne el humor titiritesco de Mónica Morán, la lengua seca, austera y violenta de Dardo Dorronzoro, el romanticismo feminista de Luisa Marta Córica, las inflexiones místicas de Jorge Money, el romanticismo telúrico de Alicia Eguren, todos víctimas del terrorismo de Estado, todos militantes revolucionarios, todos tan distintos, todos poetas.

–¿Cuáles son las líneas poéticas preponderantes en los textos rescatados?

–Suele ser un lugar común relacionar las escrituras poéticas de la militancia setentista con la línea de la poesía sesentista o coloquialista que surge a fines de la década del ’50 y que se desmarca de la poesía de vanguardia tanto en la construcción de la figura del poeta y su función en la sociedad como en la búsqueda de un lenguaje accesible al común de los lectores, politizado y que no escapa a la polémica, la diatriba y la invectiva. Sin embargo, en Mónica Morán, Daniel Favero o Miguel Ángel Gradaschi, jóvenes poetas setentistas, encontramos modulaciones que los diferencian de los poetas nucleados en torno a La Rosa Blindada por ejemplo. Considero que como consecuencia de su militancia barrial, de base, ellos logran encontrar un ritmo del habla popular dado por la experiencia concreta, no tanto por una idealización del habla del pueblo rastreable en poetas mayores que venían de la matriz cultural del marxismo argentino. Esta poesía previa construía por lo general su voz a partir de distintos cruces genéricos y materiales de la industria cultural, como el tango, el folklore, la prensa, etc. Se percibe cómo las voces del barrio siguen resonando en la cabeza de los poetas al atravesar las zonas de fronteras y logran incorporarlas mediante distintas estrategias de distanciamiento a modo de exorcismo. Son muy frecuentes las imágenes de la soledad en una avenida o en un empedrado a la madrugada, luego de retornar de una pintada o una mateada, momento propicio para la reflexión. Hay otras lecturas interesantes que se desprenden de la lectura de esos poemas, lecturas que a lo mejor en otro contexto no hubieran sido percibidos como las que se pueden hacer en clave de género de la poesía de Morán, Córica y Carranza, allí aparecen cuestiones relacionadas con la representación de la maternidad imaginada, de la maternidad real y de la maternidad desde la mirada de la hija que dialogan de igual a igual con el presente y los planteos del movimiento feminista.

–Cuando surge este tipo de iniciativas como Versos aparecidos se hace presente la pregunta sobre el por qué de la necesidad editar a poetas desaparecidos…

–Esa es una pregunta clave. Yo la voy a responder con una anécdota, la que nos ocurrió cuando buscábamos material de Enrique Courau, poeta que formó parte del grupo Barrilete de Roberto Santoro. Intentar localizar a su familia fue un camino muy arduo, nos comunicamos entonces con Abuelas de Plaza de Mayo porque su esposa, Beatriz Yolanda Di Cianni, al momento del secuestro estaba embarazada de tres meses. Abuelas no tenía ningún contacto de la familia Courau, pero sí con los Di Cianni. Nos comunicamos con una hermana de Beatriz, Maruja, que vive en Curitiba, Brasil, y que apenas tenía alguna referencia de que su cuñado era poeta. La pareja se había casado unos meses antes del secuestro y no llegó nunca a tomar un vuelo que los llevaría al exilio brasileño, por lo tanto, para la familia Di Cianni Enrique es una incógnita. Si a esto sumamos que Courau estuvo desaparecido del campo literario por aquellos mecanismos que Daniel Fierstein ha definido como la fase de realización simbólica del genocidio, resulta doblemente significativo que su figura y su labor sea restituida por la colección. Enrique aparecerá y seguramente tendrá algo para decir a nuestro presente, un poeta que escribió en versos la historia argentina desde la mirada del campo popular siempre es una promesa.

Todos los libros

Esta semana se presentarán los primeros dos volúmenes de un total de 12 títulos previstos para este año. La lista de las obras que se publicarán son: Versos aparecidos de Carlos Aiub (impreso); Dolores, bufandas y recuerdos de Mónica Morán (impreso); Un minuto de historia de Miguel Ángel Gradaschi (impreso); La niña que sueña con nieves de Luisa Marta Córica (en imprenta); Banderas reunidas de Imar Lamonega (en imprenta); Una sangre para el día de Dardo Dorronzoro (en imprenta); Los últimos poemas de Daniel Omar Favero; Decir Siempre de Mabel Carranza; Aquí y allá de Delfor Santos Soto; Aquí, entre magras espigas de Alicia Eguren; El camino del pueblo de Enrique Courau; Soles como dardos de Jorge Money.

Los libros editados ya se pueden descargar de forma gratita en la página de la editorial MeVeJU.

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