El intento de Milei de suspender las PASO para romper a la oposición y dejar al peronismo sin instrumentos para dirimir su interna comenzó a enfriarse. Al rechazo del peronismo y la izquierda se sumaron las dudas de los aliados. Ni el PRO ni la UCR ven la reforma política libertaria como un asunto urgente a resolver. Desfachatado, el gobierno se lanzó a apurar los tiempos justo cuando la imagen positiva de Milei cayó a niveles récord y el rechazo a la gestión tocó su techo. La evolución de esas variables es clave para determinar si la próxima elección será una elección hiperpolarizada, donde el voto se ordene alrededor de Milei -a favor o en contra-, o si, en cambio, el deterioro en la imagen del presidente habilitará una disputa también por el voto de derecha que fragmente la oferta. Sólo así, en una elección de cuatro cuartos, como imaginan en San José 1111, el peronismo podría avanzar dividido y aun así mostrarse competitivo. Escindido de la interna, el massismo salió a instalar “expectativa de triunfo”.



