La noche anterior al veredicto, Enerina tuvo una pesadilla. Soñó que estaba con gente de su pueblo, Médanos, y les decía que ya salía la resolución, que iban a ver. Había mucho ruido, ella estaba nerviosa, y sus agresores sexuales se burlaban: “Viste que estamos todos libres”. Dos días después del veredicto, Enerina dice: “Nunca pude soñar una condena. Siempre esperaba lo peor del Poder Judicial”.