Dos técnicos fueron destituidos después de que la intervención de altos representantes desencadenara crisis idénticas en sus clubes.
En el primer caso, la presión ejercida por un dirigente influyó directamente en la decisión de la directiva, que culminó con la separación del entrenador, generando un ambiente de incertidumbre en el plantel.
De forma paralela, en otro equipo, la interferencia de una autoridad similar provocó la misma consecuencia: la rescisión del contrato del técnico, dejando al club sin una guía deportiva y alimentando la polémica entre aficionados y medios.



