La cantante salteña, que lleva diez años viviendo en Buenos Aires, presenta una muestra de quince obras que reflejan las distintas fases de una profunda crisis personal, explorando tanto sus oscuros laberintos como sus destellos de luz.

En su nuevo proyecto, la artista describe cómo la incomodidad, la frustración y la ira se convierten en motores creativos que la impulsan a expresarse. Cada pieza busca representar un momento de conflicto interno y, a la vez, ofrecer una salida luminosa que invite a la reflexión.

Colina explica que, al trasladar sus emociones al lienzo, puede exagerar libremente y jugar con los límites del arte, logrando una conexión más auténtica con su público y con su propio proceso de autodescubrimiento.