Por momentos esto engaña: parece un recital. Hay condimentos similares. Los puestitos, el aroma a chori y paty, micropogos, parlantes y coros, baños improvisados, banderas y remeras, micros, una noción de sacrificio y de fidelidad religiosa que se arrastra hasta el final. Puede parecer un recital porque hay dos cosas: una intención de despedir a este hombre con alegría, pero también descreimiento -o ganas de disimular, de esquivar a la muerte-. Descreimiento como sucede ante la muerte de un familiar muy querido. No son pocos los que le dicen “padre” en esta fila. Hay que repetirse varias veces lo que pasó para entender, para que suene real.



